Transmite tu consejo, no lo describas

Existe una diferencia palpable entre que alguien te dé un mensaje y que este “te cale”. Cuando ese mensaje es un consejo que podría marcar la diferencia en el bienestar de alguien que queremos nos crea estrés la idea de no  saber realizarlo adecuadamente. ¿Y si te digo que hay otra forma mucho más efectiva para hacerlo?

mostrar

 

Muestra, no describas

Estas tres palabras son una de las claves aconsejadas para personas que disfruten, como yo, de la escritura creativa. Para que tus textos adquieran y luzcan vida, estos deben estar enriquecidos con detalles que actúen como resortes en la mente de quien nos lea, aportando una información relevante, casi subliminal.  Una información que dé de lleno en la comprensión emocional del lector, que va mucho más allá de las palabras. El lector deja de leer y pasa a sentir, cuando tu dejas de describir y pasas a mostrar.

Esto en lo concerniente a la escritura. Lo grande de estas tres sencillas palabras, no es únicamente que te ayuden a esforzarte más en transmitir. Lo grande es que funcionan también en otros aspectos en los que escribimos, aunque sin tinta o papel. Cuando escribimos nuestra historia, simplemente viviéndola.

Como en la literatura, nuestras vidas se entrelazan, se empapan con la de los demás, especialmente las de los seres queridos. Y, debido al cariño, al amor, a la emotividad, compartimos el peso de las penas y la liviandad de las alegrías.

 

Aprendiendo de y con los demás

Y, sin dejar jamás de ser aprendices, nos convertimos en maestros.  En esta preciosa dualidad del aprendizaje de la vida. Compartimos aprendizaje con aquellos seres que tienen la generosidad de entrelazar y dejarse entrelazar con nosotros. Y quizá sea la enseñanza de los más jóvenes o los más ancianos, la que nos acerque más a vivir con una sonrisa en los labios. La sencillez, la espontaneidad, jugar, reír viviendo…

conducta-dañina

 

Algunas personas tremendistas consideran que estamos casi condenados a repetir ciertos errores o conductas dañinas. Aquellos que hemos vivido como espectadores en la normalidad -habitualidad- en nuestros primeros años de aprendizaje vital. Y consideran que este aprendizaje pasa de generación en generación, de persona a persona. Inexorablemente.

Si bien es cierto que podemos encontrarnos repitiendo patrones no positivos de forma no consciente, esto no implica que no podamos hacer nada al respecto. Y encontramos como herramientas útiles para los demás las palabras que les hagan llegar a la conclusión de que es mejor vivir positivamente. Sin recordar que estamos escribiendo cada uno nuestra vida. Sin recordar que, para llegar a la emotividad, a lo profundo del ser querido, al reino donde los cambios son realmente posibles y positivos, no valen las palabras, sino las muestras. Y que para que nadie haga una versión similar a los errores de antaño, lo mejor es aconsejar menos, romper círculos viciosos y aprender de nuevo a vivir, pero esta vez mejor.

 

El mejor consejo ¿la propia conducta?

Si quieres enseñar la importancia de vivir en plenitud, empieza por dar pasos que te acerquen a ella. - ¡Compártelo: me ayudarás muchísimo!          

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Tu ejemplo será mucho más efectivo que cualquier palabra, por bella o inspiradora que suene.

Cuando sientas, no le pongas tantas palabras, simplemente muestra. Entrénate para mostrar de forma sencilla. Nadie espera que hagas como Tom Cruise en Jerry Maguire y te pongas a gritar para demostrar nada. Entrénate también para ver con otros ojos aquello que no se ve, pero sí se palpa. Entrénate para seguir tu instinto. Y permítete vivir la vida explorándola, degustándola, amándola, con sus bellezas y sus miserias, porque todas ellas te harán más libre. Más fuerte. Más tú.

 

¿Consideras que puede aprenderse a vivir mejor en edad adulta? ¿Eres más de palabras, o de hechos? ¿Qué es más efectivo para dejar un legado positivo a tu alrededor?

Imágenes: Pixabay.
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Rosa Palmer

Soy la creadora y principal blogger de Por El Camino Azul. Ex-Miembro y reportera de la iniciativa de orientación laboral Parejas Orientadoras. Colaboro periódicamente en La Nueva Ruta del Empleo. Mi vicio son las palabras. Adoro la vida, sus misterios, la comunicación y la creatividad. Me motiva la idea de difuminar la terrible frontera entre placer y trabajo. ¿Te apuntas?

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