Cambiar no es perder, es evolucionar

Pretender no cambiar no es realista ni sano. Aprender a entender y valorar nuestra evolución es clave en una experiencia vital acogedora. ¿Paseáis conmigo y con Luis Cernuda, para hablar sobre cambios y evolución?

 

calas

Hace más de veinte años leí este poema de Luis Cernuda:

Yo fui

Yo fui.

Columna ardiente, luna de primavera,

Mar dorado, ojos grandes.

Busqué lo que pensaba;

Pensé, como al amanecer en sueño lánguido,

Lo que pinta el deseo en días adolescentes.

Canté, subí,

Fui luz un día,

Arrastrado en la llama.

Como un golpe de viento

Que deshace la sombra,

Caí en lo negro,

En el mundo insaciable.

He sido.


Los versos de inicio y final del poema, tan escuetos, me dejaron en mi adolescencia en un estado de liberalidad: cuánto expresaban en ese momento para mí dos simples palabras puestas una tras otra, sin la necesidad de añadir más. Esos versos parecían enlazar, con un fino y dorado cordoncillo, las cuatro letras de mi nombre. Creando un efecto rústico y elegante a la vez.

Es posible que tirara de papel y boli o lápiz; quizá de alguna de mis máquinas de escribir, manual o eléctrica. Y me entregara a la escritura de algún texto de estos que te queman en la punta de los dedos. Porque cuando tienes esa sensación leyendo, viendo una película u observando los pequeños detalles de la vida, urge exprimirla de ese pedacito de tu alma en la que se ha prendido, de tu corazón inspirado, y darle forma a base de letras, palabras, frases, imágenes… Algo en tu interior te arroja a jugar con tu ingenio y tratar de darle la forma más parecida a cuanto se ha creado en tu interior.

Cernuda hablaba de forma sencilla, bella y efectiva de aquello que ya no volvería a ser, de aquello que había sido, dándonos a entender que eso de dejar de ser podría entenderse en nuestras vidas como cíclico.  Dejaremos de ser muchas cosas en nuestra evolución, siendo, en el fondo, un mismo alma.

Ahora, décadas después, este poema tiene un impacto distinto en mí. La madurez que me aportan las vivencias propias y los conocimientos que bebo de las ajenas, me brindan una capacidad de leer entre líneas más amplia, más profunda y, a la vez, más natural. En la actualidad, “Yo fui”, me resulta más trascendente. Creo que porque la Rosa que lo relee hoy, incansablemente, está en mayor concordancia con su esencia. Creo que porque la Rosa que os escribe hoy, no siente a los cambios, a los “ya no volveré a ser” como una pérdida, sino como un alegre hallazgo. Cada “yo fui”, cada “yo he sido”, se ha convertido en “fui afortunada al ser”, “ha sido magnífico haber sido”…

¿Y qué hay de los yo soy? ¿Quién soy, cómo soy? Son preguntas que, en su sencillez, son muy complicadas de responder y no sólo por el hecho de buscar una forma de expresarnos que huya del autobombo, de la prepotencia, quizá del error de no saber ponderarse con justicia. Si no también, como comentaba, por esa evolución que es la vida misma. Los sentimientos no son estáticos. Tampoco lo es la impresión que tenemos acerca de nuestra forma de ser… ¿qué hay verdaderamente estático en realidad?

Dan ganas de jugar más con la temporalidad, a la hora de describirse. Cambiar «yo soy» por «estoy siendo». Especialmente si lo que describimos no nos hace sentir bien. Quizá ello nos ayude a a levantar el pie con el que dar el primer paso para alejarnos de esa dolorosa etiqueta que añadimos, consciente o inconscientemente, junto a ese yo soy.

Es más, abogo por dejar de etiquetarnos tanto, dejar de buscar palabras idóneas para hablar de nosotros mismos, cuando éstas pueden resultar carentes del significado total que nos gustaría que tuviesen. Más ajustado y amplio a la vez. Más concreto. Más fotográfico. 

Sí: yo abogo por dejar de hablar de nosotros y atrevernos a mostrarnos sin más. Dejar de decir soy profesional, y simplemente serlo. Dejar de decir soy atento, y simplemente serlo. Dejar de decir, qué sé yo, soy feliz, y simplemente serlo. Tal cual.

Si tuviese que escribir un poema, ahora mismo, emulando al gran Cernuda, aunque con una capacidad poética nada comparable, creo que este terminaría por ser sencillamente así:

Yo soy
 
Yo fui 
 
Sin saber que era, sin notar que dejé de ser.
Avión humano, domadora de tiburones.
 
Busqué lo que yo sentía;
Y sentía lo que buscaba, veía lo que no existía,
Y a mi alrededor todo se desdibujaba.
 
Imaginé, exploré,
Fui refrescante lluvia
Bajo la que bailar en invierno.
 
Como el barco que se dirige 
Al fin del mundo,
Descubrí uno nuevo 
mientras este me descubría a mí.
 
Yo soy.

 

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Rosa Palmer

Soy la creadora y principal blogger de Por El Camino Azul. Ex-Miembro y reportera de la iniciativa de orientación laboral Parejas Orientadoras. Colaboro periódicamente en La Nueva Ruta del Empleo. Mi vicio son las palabras. Adoro la vida, sus misterios, la comunicación y la creatividad. Me motiva la idea de difuminar la terrible frontera entre placer y trabajo. ¿Te apuntas?

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