¿Es incoherente, buscar coherencia?

En un mundo en continua evolución, lleno de matices ¿es incoherente buscar coherencia? Descubre mis reflexiones al respecto.

 

coherencia

En este post reflexiono acerca de las impresiones que despiertan nuestras acciones, nuestra conducta, a la hora de formar aquella imagen que nos acompaña cuando alguien nos recuerda. Una imagen tal vez no estática, una imagen que cuando es revelada nos muestra claramente que (por mucho que sintamos que nos conozcamos) continuamos siendo misteriosos y ampliamente explorables aún, como las profundidades marítimas.

La imagen que ofrecemos

A lo largo de los años he descubierto, no sin cierta sorpresa, que despierto impresiones muy dispares en las personas que comparten o han compartido partes de mi camino. No deja de ser curioso que personas que han pasado exactamente la misma cantidad de tiempo conmigo, en las mismas circunstancias, hayan llegado a conclusiones sobre mi forma de ser o de actuar que me dejan con las cejas en alto, con una sonrisa de sorpresa o ambas cosas a la vez.

Esto nos sucede a todos en algún que otro momento: una persona con la que conversamos súbitamente libera sus pensamientos hacia nosotros y nos hace partícipes de esa imagen que hemos proyectado, sin saberlo, en su mente. Esa alegoría de aquello que podría ser nuestra esencia. Ese chivato de que hay algo mucho más allá de lo que conocemos sobre nosotros mismos.

Una parte de nosotros, aún insospechada

Entonces una no puede evitar cotejar consigo misma, quizá con alguien de confianza, las impresiones que, a su vez, nos despierte esa conversación. Y lo cierto es que la mayoría de las veces, por no decir todas, llego a la conclusión de que el sentir humano, su idiosincrasia, su esencia, todas esas pequeñas piececitas invisibles que se hallan en su interior y le convierten en él, no se muestran a todas horas. Además, no siempre estamos preparados ni receptivos para ver o mostrar, como hablaré en próximos posts.

En ese caso ¿podríamos asegurar que el ser humano es, en verdad y por sí mismo, contradictorio? ¿O deberíamos hablar, mejor, de que el ser humano tiene tantos, tantísimos detalles que es casi imposible que no pueda apreciarse en algún momento de su existencia algo que parezca no encajar? 

 

¿Está sobrevalorada  la coherencia… o es incomprendida?

Como persona que adora los misterios de la vida, del ser humano, del funcionamiento del cerebro, de los mecanismos que envuelven los sentimientos y las emociones, no puedo evitar a mi vez, adorar aquello que otros pueden llamar contradicciones o incoherencias.

Debo admitir que todo ello nace de mi interés literario, también. Buscando la mejor forma de comprender personajes ajenos o de componer los propios, me di cuenta del color que dan a dichos personajes y a la historia, aquellas pequeñas imperfecciones, aquellas incoherencias sutiles, aquellos tics vitales.

Si bien es cierto que no está de más buscar y encontrar coherencia en los actos y acciones que llevemos a cabo en nuestra vida, considero que esos deslices, esos «puntazos», esos imprevistos de nuestra forma de actuar, además de brindarle un color y textura distintos a nuestro trayecto vital, también consiguen, de algún modo, llevarnos un tanto más allá.

Nos llevan más allá de nosotros mismos nuestros errores, nuestros despistes, nuestros lapsus linguae… y llevan a los demás a tener más interés, en ocasiones, por aquello que se cobija en nuestra mente y alma, cuando descubren ciertas sorpresas… o faltas de coherencia. Porque ellas no tienen porqué suponer ni carencia de criterio, de cocción o de sinceridad, a mi entender. Aunque no puedo evitar admitir que la posibilidad se encuentra allí.

 

Nuestros matices o «incoherencias» como parte de nuestra belleza interior

Temo, a veces, que esta época tan de compartir desde tu habitación o salón con personas del otro extremo del mundo, que esta época en la que se nos insta tanto a tener una marca personal definida, alejarnos de temas conflictivos, actuar como unos Julio Iglesias cibernéticos, obsesionados sólo por mostrar el lado más fotogénico, nos olvidemos de la belleza que tanto nosotros mismos como otros podrían hallar en el lado que descartamos. 

Temo, a veces, que se nos olvide que buscar la perfección, en nosotros, en los demás, no es más que una traba a la hora de vivir con una sonrisa en los labios.

A veces, barro de mi mesa hacia la papelera todos estos pensamientos y temores y me dedico simplemente a disfrutar más de aquello que me hace vibrar. Buscar ser un mejor yo a diario no está reñido con querer a ese yo tal cual es. Y esa, creo que es la parte más relevante de todo esto que estoy compartiendo contigo ahora mismo: lo importante no es tanto aquello que puedan ver los demás al observarnos (si bien es lógico y normal que nos interese), lo importante es cómo nos haga sentir aquello que descubramos al mirar nuestro ombligo, al escuchar nuestros pensamientos, aquellos que se disparan hacia nuestro entorno y hacia nosotros mismos.

¿Cómo te hace sentir aquello que piensas sobre ti? ¿Eres demasiado crítico con tu forma de ser y actuar? ¿Eres igual de amable contigo que con el resto del mundo? ¿Conviertes las incoherencias que ves en ti en una brecha entre tu yo presente y aquel que desearías ser? ¿Te has parado a pasarte revista y no pasar por alto tus partes buenas? ¿Te has parado a pensar que no hay mejor candidato a mejor amigo que tú mismo?

Buscar incoherencias, cuando sólo son vistas como defectos o aspectos negativos, entiendo que nos contagian de una ceguera emocional temporal que nos aparta de aquella realidad, aquella verdad que es posible que andemos buscando ¿No resulta ello una paradoja, una incoherencia en sí misma, también?

 

¿Cuál es tu opinión acerca de las incoherencias?

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Rosa Palmer

Soy la creadora y principal blogger de Por El Camino Azul. Ex-Miembro y reportera de la iniciativa de orientación laboral Parejas Orientadoras. Colaboro periódicamente en La Nueva Ruta del Empleo. Mi vicio son las palabras. Adoro la vida, sus misterios, la comunicación y la creatividad. Me motiva la idea de difuminar la terrible frontera entre placer y trabajo. ¿Te apuntas?

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