El poder y el valor de la conexión

Cómo he priorizado en base a mis valores para seguir creciendo sin estresarme o caer en un eterno planear y replanear algo que es más bello vivir: la vida.

 

La conexión entre las personas

 

La vida está llena de elecciones. Y esta semana os muestro cómo he decidido enfocar cómo relacionarme con mis capacidades de otro modo. Cómo, casi sin darme cuenta, he priorizado en base a mis valores para seguir creciendo sin que ello sea fuente de estrés o un eterno planear y replanear  algo que es más bello vivir: la vida.

 

Cuando empecé a escribir este blog tenía un especial interés por redescubrirme, por aprender muchas cosas que sigo entendiendo como importantes: aprender qué son y cómo funcionan las emociones, cómo experimentarlas de forma natural y sana y vivir de forma asertiva.

En cierto modo buscaba un camino para volver a sentirme como antaño. En 2013 estaba viviendo una época muy extraña y dura, en la que me sentí en extremos distintos: lo entendí entonces como mi mejor y peor año a la vez.

Y si se echa un vistazo a mis primerísimos textos en el blog eso resulta evidente. Hay una búsqueda, una vuelta al pasado, una inquietud hacia el futuro… y lo cierto es que, de alguna manera, escribir era una forma de catarsis. Era una forma de avance, también.

Resultó que mis palabras tuvieron mucha más repercusión de la que esperaba. Tal vez os preguntéis que qué esperaba y, si debo responder a ello con sinceridad me toca decir que esperaba que mis palabras, mi camino, mis descubrimientos y ponerlo negro sobre blanco me ayudaran a ver la situación de forma más amplia y centrada a la vez.

 

Esperaba (en el sentido de esperanza) que alguien pudiera sentirse acompañado al leer mis palabras (mientras me acompañaba también).  Y que tal vez esas mismas palabras le sirviesen de algún modo para avanzar.

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Cuando me quise dar cuenta, había una cantidad significativa de visitas en el blog. Y fue la primera vez que fui consciente de qué suponía haber creado Por el camino azul. Un poquito como le dijo el tío Ben a Peter Parker: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. [Nota a mis estimadísimos frikis: me refiero a la película, no a los comics ;)].

Tal vez penséis que me paso de prepotente al compararme con el alter ego de Spiderman y usar la palabra poder. Y lo cierto es que puede que tengáis razón. No obstante, tras estos dos años largos publicando en este espacio he recibido un maravilloso feedback que demuestra que sí tengo poder.

¿Y cuál es ese poder?

El poder de conectar con vosotros. 

Y eso no podría hacerlo yo sola, por muy buena que fuese escribiendo. Para conectar hacen falta personas con las que hacerlo.Y, sobretodo, hace falta vivir, experimentar, sentir.

Tenemos ambos el poder de conectar. A veces nos sale de forma natural, sin pararnos a pensar en ello. Es cuando las emociones y pensamientos, las palabras y gestos… cualquier forma de que nuestro mensaje viaje de uno a otro se vuelve fluida y no pueden sentirse partes, sino el mensaje, las sensaciones y emociones compartidas como un todo.

Cuando fui consciente de que podía conectar con otras personas que, de hecho, surgía sin más en la mayor parte de las veces, me di cuenta de la fuerza que tenía en nosotros la acción de compartir.

Me percaté también de la importancia que tenía mi  aprendizaje más allá de mí misma y el impacto que podía tener en mi existencia, en mi situación vital, en las decisiones a tomar para mi futuro… Puse nombre a conceptos como el aprendizaje vicario (aprender de las experiencias ajenas) y me di cuenta de que ese poder sobre el que hablaba, el poder de la conexión era lo suficientemente amplio para ser una fluida vía de doble sentido.

Una fluida vía de doble sentido con unos paisajes inspiradores. En la que poder circular exactamente al mismo ritmo y velocidad que requieras. Una en la que no haya áreas de servicio, sino que sea toda ella una fuente de servicios, de detectar qué mejora nuestra experiencia: la vuestra y la mía.

Un lugar en el que desarrollar el arte de preguntar y el arte de imaginar. El arte de aprender a ver a través de cristales de otros colores. El arte aprender a andar, a hacer equilibrios y a danzar en los zapatos ajenos…  Aprender acerca de mí misma, de las experiencias que compartís vosotros conmigo en público o en privado y experimentar ese autoconocimiento que todo esto provoca aunque no me lo proponga.

En estos momentos, como muchos de vosotros sabréis, estoy trabajando en distintas mejoras para el blog. De hecho he puesto en práctica el alojamiento en otro espacio, he creado un logo… Todo el trabajo que supone darle un nuevo enfoque al blog conlleva enfrentarte a textos antiguos. Esto es enfrentarte a tus emociones, tus miedos, tus sueños… y lo que conseguiste con ellos entonces.

Realizando todo ese trabajo, sucedió que me enfadé conmigo misma. Pensé: “si hubiera confiado más en mis propias capacidades y hubiera aprovechado para crear el blog de forma más planificada…”. Y es que no es escaso el tiempo desde que recibí mis primeras apreciaciones positivas por mi oratoria y mi palabra escrita. ¡Por qué no habría hecho más para aprovechar al máximo ese don, hacer lo posible para que no se diluyera, se perdiera…!

Por suerte, estoy aprendiendo a dejar que mis emociones tengan el espacio que necesitan para que den paso a las demás y estas a nuevas oportunidades. Así que me permití enfadarme. Luego me cuestioné esas palabras y acepté que en 2013 y todo ese tiempo hasta ahora tomé decisiones en base a mi situación de cada momento.

También me he dicho que no hay una forma perfecta de hacer nada. Al menos no si te dedicas a pasar tus experiencias bajo el microscopio y el mazo de juzgar. Y es más: que no hay necesidad de exprimir nuestros dones, como si fuesen estos esclavos de los resultados. Y es que, nos pongamos como nos pongamos, me niego a vivir la vida como si tuviese que estar competiendo. Como si tuviese que conseguir demostrar en todo momento algo a alguien que no sabe ver más allá de lo que llamo pasado-ficción y sus “lo que podría haber sido”.

Y estoy muy contenta y orgullosa de ver los frutos que, tras tanto practicar, me han aportado esos ejercicios de poner a raya a ese alguien. A la “autofiscal” que las falsas creencias, los calendarios, los relojes biológicos y las comparaciones absurdas fueron “criando” en mí a lo largo de demasiado tiempo.

Aún estoy practicando. ¡Y ya soy capaz de echar un vistazo atrás, experimentar mis emociones y avanzar con ello! Tal vez os suene absurdo o demasiado esotérico. ¡Pero, hey, a mí me resulta útil para convivir con mis defectillos y rarezas, con mis sueños locos y mis ilusiones irracionales! A mí me resulta útil para vivir la vida, no para enredarme planeándola, criticándola y viendo como lo único que puede crecer en mí sea un vacío interior.

¿Qué la planificación inicial de Por el camino azul no es la mejor que yo como persona, como escritora, podía ofrecer? Desde luego, así es. Eso sí, no olvidemos (sobretodo yo) que el leit motiv del blog (es más, de la vida misma) es el aprendizaje. Y tanto él como los errores forman parte muy importante de todo ello.

Es más: tal vez, y solo tal vez, este trayecto que ambos (vosotros y yo) hemos compartido no hubiese hecho crecer nuestros poderes de conexión si este blog hubiese sido más trabajado en planificación inicial y en entender y tener en cuenta “palabros” como target, SEO y otros que ni me suenan ni me sonarán en un rato.

Una de las dificultades que encontraré en la mudanza de este blog es que tengo los comentarios anidados en Google +. Así que (hasta donde yo sé) ellos no se mudarán de forma automática. Por eso he decidido rescatarlos, acompañarlos también de los comentarios en otros lugares y otorgarles un precioso espacio en este inquieto y creciente blog.

Aún estoy perfilando detalles al respecto. Así que, como también será tu espacio, no dejéis de hacerme llegar tus propuestas. ¿Cómo os gustaría ver reflejado vuestro feedback en mi (nuestro) blog?

Muchas gracias por acompañarme, por mostrarme aquí y allí vuestras sonrisas, vuestras palabras. Y, sobre todo, muchas, muchas gracias por darle aquella primera oportunidad al primer texto que “cayera” ante vuestros ojos. Por todas aquellas primeras oportunidades que me hayáis brindado como escritora o como personita particular.

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Rosa Palmer

Soy la creadora y principal blogger de Por El Camino Azul. Ex-Miembro y reportera de la iniciativa de orientación laboral Parejas Orientadoras. Colaboro periódicamente en La Nueva Ruta del Empleo. Mi vicio son las palabras. Adoro la vida, sus misterios, la comunicación y la creatividad. Me motiva la idea de difuminar la terrible frontera entre placer y trabajo. ¿Te apuntas?

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