La vida más allá de las creencias. ¿Haces o eres? [Vídeos]

Más allá de las creencias, reside tu verdadera naturaleza e inquietudes ¿vas a perderte vivir en plenitud y positividad por desconocerlas?

 

chico ocultándose tras una creencia
Una de las falsas creencias perjudiciales es creer que debemos ser felices todo el tiempo.

“El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.”

Friedrich Nietzsche.

 

Esta semana he celebrado mi cumpleaños. Tal vez por ello (y por aquellos proyectos que estoy elaborando a medio-largo plazo), un video motivador que compartió un amigo del colegio me llevó a sonreír.

Y me llevó a sonreír no por haber despertado en mí una fuerza nueva que me empujara fuera de la silla del ordenador y hacia la vida. Me llevó a sonreír porque sentí que estaba en el camino correcto, más allá de las creencias.

En dicho video aparecen unas bellísimas señoras senior que nos regalan la sabiduría que aporta no solo cuanto vivimos, también cuánto dejamos de vivir.

Con un lenguaje nada paternalista y sí incitador a revisar nuestros valores, nuestros objetivos y nuestra travesía por la vida, estas generosas mujeres nos impelen a hacer menos y a ser más. Su mensaje, breve, coherente con sus miradas y gestos, no puede sino llegar a  aquella parte de nuestro interior donde se esconde el Pepito Grillo que nos anima a dar pasos trascendentales.

Si bien es cierto que este video tal vez me gustaría más si no fuese parte de una estrategia comercial de productos anteriormente entendidos como femeninos, no puedo evitar admitir que (así y todo) me encanta.

Este es un video pensado para mujeres pero yo quiero compartirlo también con los hombres.

“Los sentimientos y las emociones son el lenguaje universal que debe ser honrado. Son la expresión auténtica de quiénes somos.”

Judith Wright

 

Porque ellos no son ignorados por las convenciones sociales, las creencias, el qué dirán y todos esos desbarajustes que tanto contaminan nuestra espontaneidad como seres humanos felices.

Porque ellos necesitan también, ponerle nombre a sus sentimientos, emociones y vivir más allá de las creencias.

Tal vez resultaría de utilidad primero conocer qué son las creencias, especialmente porque forman parte de nuestro día a día. Y sólo conociéndolas podremos aprender a ver más allá de ellas.

 

 

La mujer, sus expectativas, las que la sociedad coloca a su alrededor o le impone son temas sobre los que se ha hablado muchísimo. Y este no es un post que vaya a cambiar el mundo a este respecto, me temo.

Aunque sí me gustaría que este post nos llevara a cuestionarnos si continuamos dando por hecho que nuestras vidas tienen que ser de algún modo concreto en base a nuestro sexo, nuestra edad, nuestro estatus social… y no aquellos deseos y necesidades que subyacen bajo ellos.

Ignoro si existe ningún estudio que cuantifique el impacto de las creencias (en sus distintas vertientes) en nuestras vidas. Menos aún si se ha realizado alguna comparativa entre damas y caballeros. Y no lo sé, en este momento, intencionadamente: no me apetece una guerra de sexos. Como tampoco me apetece una insípida paz en la inopia de las emociones ajenas.

Lo que sí me tienta es dar este paso al frente por nosotros: mujeres, hombres, jóvenes, seniors, de unas u otras etnias, de unas u otras religiones, de unas u otras nacionalidades y todos seres que merecemos sentir, soñar y ser con alegría y libertad.

Un mismo paso que nos hermane como seres humanos, creando mágica energía contra aquellas cosas de la sociedad que nos limitan no solo como individuos, también como especie. Y conseguir juntos, granito de arena a granito de arena, que no pase nada si ninguno de nosotros no se ajusta a aquella imagen impuesta que, tal vez, esté emborronando nuestra felicidad.

Un mismo paso que nos motive para dejar de compararnos y llegar a la errónea idea de que los males de unos son obra de los otros.

Un mismo paso que nos motive a descubrir nuestras emociones y sentimientos, a encontrar la forma de ponerles palabras para compartir así nuestra experiencia y construir puentes de comprensión entre ambos. Aprendiendo tanto a hablar como a escuchar de forma asertiva. Aprendiendo a dar con más seguridad nuestros pasos más allá de nuestras creencias limitantes.

Tal vez así entendamos que no somos tan distintos.

Datos que motivaron la creación del vídeo

“Ser lo que somos y convertirnos en lo que somos capaces de ser es la única finalidad de la vida.”

R. L. Stevenson.

 

Antes de tratar de poner en palabras mi visión actual del hecho de ser mujer, te invito a ver este vídeo, que muestra en detalle ciertos datos relevantes en cuanto al sentir de muchas mujeres. El audio está en inglés ¡y si tu dominio del idioma no es muy allá, no te preocupes! Puedes activar los subtítulos clickando sobre el icono con forma de documento, después en la ruedecita, con lo que se abrirá un menú contextual, donde podrás elegir “subtítulos”, “traducir automáticamente” y el idioma de tu preferencia.

Y ahora sí:

¿Cómo le explicaría a un hombre cómo veo esto de ser mujer?

“Unirse es el comienzo; estar juntos es el progreso; trabajar juntos es el éxito.”

Henry Ford.

Es evidente que explicar cómo ve un hombre ser varón sería necesario de empatía e imaginación. Yo tengo ambas, es cierto. Sin embargo, prefiero dejar la puerta y ventana abiertas a la posibilidad de que algún lector de este post se anime a hacerme partícipe de su experiencia.

De hecho, entiendo incompleto este post sin la aportación de la visión masculina. Pero me resisto a ejercer de escritora creativa, al menos de momento. La veracidad por encima de la verosimilitud.

Dicho esto…

Como mujer, llevo toda la vida viviendo rodeada de creencias sociales que implican que se dé por hecho que, llegada a cierta edad tenga varios objetivos/sueños que se entienden como básicos e inherentes a ser mujer: encontrar y mantener una pareja estable, tener hijos y que estos sean mi prioridad.

Y no basta con ser mujer, hay que ser mujer bella. Y no basta con ser mujer bella, hay que ser mujer bella según los cánones…pero resulta que estos están más que corruptos por cirugías, photoshops y estándares que obvian lo natural, lo sano. Estándares que nos acercan peligrosamente a no querernos lo suficiente, a esclavizarnos por lo efímero… y en no pocos casos, paradójicamente, a costa de nuestra belleza real: corporal e incorpórea. Palpable y adorable.

Y no basta con ser pareja, hay que ser una pareja estupenda. Y no basta con quererse, hay que casarse. Y no basta con ser madre, hay que ser una madre a prueba de tachas.

Se espera de mí que sea comprensiva, empática, que me apetezca ponerme la última de la lista en lo personal. ¡Y poco menos que una superheroína si tenemos en cuenta no solo el instinto maternal, también el reloj biológico, el sexto sentido…!

Por otra parte, también como mujer (como mujer que nació a finales  del pasado siglo XX y lleva todo este segmento de siglo XXI madurando como persona) se espera que “no me baste” con ello. Se espera, también de algún modo, que busque mi realización más allá de la familia.

¿Una gran profesional de la familia y una matriarca profesional?

Tal vez algo así.

Y cuando tenga todo esto controlado, de paso, realizarme como persona, más allá del hecho de ser mujer, esposa, madre, profesional… Además de todos los roles anexos: hermana, hija, amiga, compañera, vecina

Y lo que es peor, a muchas mujeres les cala demasiado dentro que la perfección, así de amplia, es su sino.

No es tanto que “nos lo enseñen” textualmente, como que la conducta, el estrés y el modus vivendi de nuestras compañeras féminas, de nuestra generación y las anteriores, queda grabado en nuestras retinas, memorias,  y quién sabe si en nuestros genes.

¿Cuántas de nosotras hemos echado pestes acerca del papel tradicional de la mujer, para encontrarnos a la vuelta de la esquina, estresadas consciente o inconscientemente por no cumplirlo a rajatabla?

Teniendo tan alta expectativa de tantos aspectos distintos de forma simultánea ¿qué creéis que sucede?

Pues lo inevitable.

Aparecen de todos frentes, de todos los rincones, incluso de debajo de la alfombra (y eso que no tengo) un sinfín de monstruitos viscosos que se llaman defectos. De alguna parte por determinar de mi interior surge la ¿necesidad? de convertirlos en más fáciles de sobrellevar para los demás y, en especial para mí, que no me sale de repente más que verlos crecer y crecer…

Hasta ese magistral momento en el que descubro que estando tan pendiente de los defectos y del impacto que estos tienen en los demás, descuidé en mi adolescencia, tal vez en mi primera adultez, eso de aprender a conocerme, verme y disfrutarme de otro modo.

Antes de que me planteara jugar con otros roles…

Ser turista en mis pensamientos, prestar atención a cómo me hablo y me pienso para no caer en la trampa, en el peligroso juego de ser demasiado perfeccionista en un mundo tan poco perfecto. Y que tan poca necesidad real de perfección tiene.

Ser optimista en cuanto a esos defectos míos de los que hablaba, del mismo modo que suelo ser optimista con los de los demás y sus capacidades para no sucumbir ante esa losa del qué dirán, del mentado perfeccionismo, de las creencias sociales que nombraba antes y, lo que es más, de aquello que pensaba que sería la realidad de mi vida.

Y es que existe una diferencia significativa entre cómo sería mi vida de adulta y la realidad. ¡Ay, cuantos lo habremos pasado mal por esto alguna vez!

Tomar las diferencias y desmitificarlas

“Es necesario asemejarse un poco para comprenderse; pero hay que ser un poco diferentes para amarse.”

Paul Géraldy

 

Aquello esperado y que se está demorando en nuestro camino puede marcarnos de forma significativa. Y es muy fácil caer en el derrotismo y en las comparaciones injustas para con uno mismo.

Por suerte, las experiencias vividas pueden conducirnos a desarrollar nuestra resiliencia: una forma de afrontar con flexibilidad aquellos aspectos de nuestras vidas que desearíamos que fueran distintos.

También pueden aportarnos mayor facilidad para atrevernos a indagar en cómo somos y qué necesitamos en verdad. Para cuestionarnos si aquello en lo que nos enfocamos son nuestros deseos o falsas creencias limitantes, estresantes e innecesarias.

Pueden también servirnos de inspiración, las experiencias ajenas, ver cómo se descubren a sí mismos, cómo reconocen sus limitaciones y se disponen a vivir más allá de las creencias.

Mis falsas creencias desencadenadas

“La actividad más importante que un ser humano puede lograr es aprender para entender, porque entender es ser libre.”

Spinoza.

 

Tengo 38 años y no soy madre. En el pasado sentí terror ante la idea de no experimentar jamás la maternidad. Ese sin vivir de ver que iban pasando los años y no me encontraba en una situación ideal para dar ese maravilloso paso… Hoy por hoy ya no me aterra no llegar a darlo. Y eso es debido a que tengo muy presente que ya he experimentado  (y mucho) el amor incondicional. Debido a eso y a que, en su día, compartí vida con una nena que no tuve la suerte de parir, pero sí de disfrutar y aprender con ella mientras ambas crecíamos hacia el presente.

Tengo 38 años y desde hace solo casi dos años sé cómo se siente el amor de pareja natural, sano, divertido y potenciador. Puede parecer triste que me tirara treinta y seis años sin experimentarlo, aunque a mí no me lo parece.  Todo aquello vivido y sin vivir (y todo aquel sinvivir que tan lejano y borroso parece ya) me ha llevado al punto actual. Gracias a todo ello ahora sé mejor. Ahora sé más cuánto soy… y lo poco que importa, en verdad, cuánto no soy.

Y es que he aprendido a valorar tanto al amor, que ya no siento  necesario que este aparezca en ninguna forma concreta ni de ninguna persona concreta de mi presente o futuro, salvo de mí misma, sine qua non.

Tengo 38 años y mi futuro profesional es una incógnita. Estoy en desempleo, si bien trabajo en mi futuro profesional dentro y fuera de este blog, como cuento en mi sección Autora. Solo que mi incógnita ha pasado de ser fuente de nerviosismo a ser fuente de ilusión. Ha sido todo un currazo de instrospección, alimentar mi autoestima y motivación, altibajos y momentos en los que no tiraba la toalla porque no me daba por acordarme de que tenía varias.

Poseo un gran potencial como mujer, persona y profesional. Y soy muy afortunada. Por cuanto acabas de leer. También porque mis distintas habilidades, competencias, ilusiones, sueños y todo aquello que quiero aprender en un futuro lo entiendo como algo mágicamente entrelazado.

Y la traca final…

La vida, si se lo permites, tiene tantas, tantas cosas por las que vale la pena… Tiene tantos, tantos aspectos que disfrutar, de tantas y tantas maneras, que no puedo sino soñar con un día en el que el ser humano se entretenga jugando menos a videojuegos de pegar tiros o conectar golosinas y más  jugando a ser turista en la propia existencia, para tal vez así percibir su belleza, su arte, su poder desde otro prisma

Yo ya estoy en ello ¿te apuntas?

 

¡Muchas gracias por leerme! ¿Te parece que nos veamos en el próximo post?

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Rosa Palmer

Soy la creadora y principal blogger de Por El Camino Azul. Ex-Miembro y reportera de la iniciativa de orientación laboral Parejas Orientadoras. Colaboro periódicamente en La Nueva Ruta del Empleo. Mi vicio son las palabras. Adoro la vida, sus misterios, la comunicación y la creatividad. Me motiva la idea de difuminar la terrible frontera entre placer y trabajo. ¿Te apuntas?

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