Miedo: El Octavo Pasajero

El miedo es vital para la supervivencia. No obstante, cuando toma falsas creencias y las convierte en convicciones limitantes, nos impide avanzar positivamente. ¿Reflexionamos juntos?

 

miedo

 

¿Es el miedo que aparece en el trayecto hacia tus sueños lícito, te está avisando de un peligro real, o está siendo un boicoteador de tu autorrealización? En el post de esta semana destripo un poco al miedo, sus efectos, su “modus operandi” y me dispongo a cuestionarle, a bromear acerca de él, a restarle un espacio que prefiero que posean otras emociones, otro tipo de pensamientos, una vez me ha quedado claro que éste es (en muchos casos) innecesario y contraproducente.

 

En lo que va de año, ya he realizado varias referencias a este curioso arte de conseguir que aquello que tenemos en mente, en nuestro corazón, en forma de sueños amplíe su territorio hacia esto que damos en llamar el mundo real.

Hablaba, en el último post, sobre las 7 virtudes del alma, cómo jugar con ellas para conseguir que esta ampliación de territorio se realice sin aspavientos, sin dejar de valorar (además de dar relevancia) a aquellos aspectos distintos que pueden surgir en nuestro camino.

En nuestro particular viaje a la tierra de los sueños cumplidos, iremos evolucionando y nuestra forma de ver ese sueño lo hará también con nosotros. Así que me parece del todo natural que, en algún momento de esta aventura, nos surjan dudas o nos dé por ver las cosas con esa inercia que en ocasiones toman las imágenes formadas en la mente tiempo atrás. En ocasiones parece que se empeñen en no cambiar de look.

Vamos a hablar de una emoción: el miedo. Y vamos a hablar también, si así te apetece, sobre su necesidad, su don de la oportunidad, sobre los efectos que puede llegar a tener en nosotros y en aquello que nos propongamos, en nuestra vida, en aquella vida que en cierto modo sabemos que podemos lograr vivir, si lanzamos al vacío el correcto lastre y accionamos el termostato adecuadamente en este globo aerostático, magestuoso y  divertido,  en el que viajar hacia y en pos de los sueños.
Supongo que el título del post de hoy ha traído el recuerdo de Sigourney Weaver siendo acorralada por un alien de aspecto más que amenazante, temerario, baboso… casi podías notar el hedor en su aliento, la pringosidad de esa sustancia que surgía de aquella boca tan tremenda e iba a parar ¿al suelo? Daba miedo empatizar con Ripley, el personaje que interpretaba dicha actriz ¿verdad?

Lo que quería destacar y enlazar con el anterior post es la fortaleza que tiene el factor de la sugestión en el caso de ciertas emociones. Y el miedo no se escapa de este hecho, a mi entender.

Viendo la película, nos aterramos ante la idea de que exista un “algo” peligroso oculto en la nave, que actúa sin ser visto por los protagonistas. Un “algo” que la mayor parte del tiempo no podíamos ver, y que, pese a eso (o quizá precisamente debido a ello) iba tomando un poder creciente sobre la tripulación de la nave en la que suceden los hechos, además de en nuestro propio sentir. Sobre su miedo. Sobre el nuestro.

Aquellos 7 tripulantes (de ahí que el alien fuese el llamado octavo pasajero) se ven amenazados por un ser que no aparece en su esplendor hasta bien adentrada la historia. ¿Podrían haber sido más eficientes en su lucha contra el monstruo, de haber tenido claras sus características, haber tenido un contacto más directo con él? Quien sabe…

Lo que sí sé es que, debido a la magia del cine, su iluminación, su banda sonora, la localización de la trama, la soledad de los protagonistas, el hecho de que sepas de antemano que estás ante una película de terror… te anteponen cada uno en su mesura a la idea de que el miedo va a estar allí. Es lícito que se encuentre allí. Solemos ver películas como estas para vivir el miedo de una forma casi controlada ¿verdad? ¡Le estamos esperamos! Es más, de no aparecer podría decepcionarnos.

En la vida real, no tenemos ni banda sonora, ni pistas tan indiscutibles para averiguar que estamos a punto de tener una vivencia que requiera del miedo y cualquiera de los demás mecanismos de supervivencia. En la vida real, vas sintiendo miedo con o sin sentido. Dando por hecho que es lícito e insalvable. Necesario para esto tan fantástico que es sobrevivir. Dar por hecho es uno de los más peligrosos e invisibles enemigos de nuestros sueños. De nuestro bienestar.

 

Dar por hecho es uno de los más peligrosos e invisibles enemigos de nuestros sueños.  - ¡Compártelo: me ayudarás muchísimo!          

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Y esto, salvando muchas distancias (y tirando del humor que espero que os apetezca compartir conmigo), sería como dar por sentado que en cualquier momento en nuestro trayecto hacia ese sueño que tanto nos apetece alcanzar, aparecerá indefectiblemente un temible alien como el de El Octavo Pasajero, para matarnos y descuajeringarnos, todo un game over brutal… y que, en vez de suceder esto que tanto nos limita y aterra, terminara por aparecer otra criatura, inesperada… el protagonista alienígena de Mi amigo Mac, tal vez ET… ¡o simplemente nada!

En conclusión: el miedo es fantástico, puede salvarte la vida en situaciones límite. Debido a ello, tenemos algunas cualidades de lo más útiles, por ejemplo. No obstante, en la vida diaria, tener miedo puede convertir una sorpresa, una vivencia lograble y agradable en una total pesadilla, en una auténtica película de terror, puede llevarte a vivir todo un innecesario infierno.

Puede, también, convertirte en quien en verdad no eres: alguien que atesora pensamientos negativos y un sinfín de lastre anti-sueños en forma de creencias absurdas disfrazadas de convicciones, alguien más indeciso, alguien menos concreto… alguien menos tú.

 

El miedo toma las creencias falsas/absurdas y las disfraza de convicciones que lastran tus sueños. - ¡Compártelo: me ayudarás muchísimo!          

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¿Se han visto afectados tus sueños o logros por las falsas creencias?

 

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Rosa Palmer

Soy la creadora y principal blogger de Por El Camino Azul. Ex-Miembro y reportera de la iniciativa de orientación laboral Parejas Orientadoras. Colaboro periódicamente en La Nueva Ruta del Empleo. Mi vicio son las palabras. Adoro la vida, sus misterios, la comunicación y la creatividad. Me motiva la idea de difuminar la terrible frontera entre placer y trabajo. ¿Te apuntas?

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