7 Tips para neutralizar el estrés en el trabajo

Trabajar conlleva cierto estrés. Son comunes la falta de una óptima organización, la delegación escasa o errónea o la sobrecarga de tareas. Si estar en la oficina provoca que te encuentres como los de la foto, tal vez te interese leer mi texto.

 

estrés

“No todo el tiempo puedes controlar lo que te sucede; siempre pasa algo en la vida que no es tu culpa o que no está en tus manos evitar. Pero tienes la opción de darte por vencido o de seguir luchando por una mejor vida.” Nick Vujicic.

Ser o no ser, he ahí la cuestión

A veces, debido a la importancia que otorgamos al trabajo que desempeñamos, nos ponemos nerviosos y entendemos el universo trabajo-oficina como un espacio estresante en el que sobrevienen muchas tareas sobre las que creemos tener poca influencia. Esta creencia, esta forma de ver la situación, genera una impotencia que es importante no ver como inseparable al acto de trabajar. Al hecho de compartir nuestro espacio de trabajo con personas que tienen otras formas de valorar, de trabajar o de organizarse.

Por eso es importante ser o no ser. Ser o no ser consciente de que no todo depende de nosotros. Ser o no ser consciente de que las buenas comunicaciones en la oficina no dependen solo de los demás. Ser o no conscientes de que, incluso en las situaciones más estresantes, desangeladas o caóticas, continuamos disponiendo de cierto margen de maniobra para neutralizar el estrés y conseguir sentirnos mejor mientras nuestra efectividad alcanza niveles más adecuados a nuestras capacidades reales.

 

El trabajo ¿fuente eterna de estrés?

Los motivos de estrés en un puesto de trabajo dependen, sobretodo, de la complejidad del mismo. Eso sí, todos los puestos de trabajo tienen cierto grado de estrés que puede provenir de la forma de liderar de los superiores jerárquicos, de las relaciones humanas (es decir, de tus relaciones con los compañeros, clientes, proveedores…) y de las incidencias que surgen por el mismo devenir del trabajo. El mundo no es perfecto y pretender que no sobrevengan nunca inconvenientes o motivos de fricción no es realista y, por ende, tampoco es sano, ni práctico. Nos lleva a entender la rutina laboral más como una lucha que como una oportunidad en la que desarrollarnos y crear sinergias.

Cuando exigimos en exceso, sin tener en cuenta lo arriba indicado, sin tener en cuenta que somos humanos y como tal cometemos errores, al igual que las personas con las que nos relacionamos, nos aceleramos. Nos convertimos en fiscales de todo aquello que hacemos y aquello que llevan a cabo las personas de nuestro entorno. Incluso nos convertimos en fiscales de nuestros superiores. Pasamos de sentirnos responsables de las tareas propias de nuestro puesto, a sentir que debemos hacer algo al respecto de las de los demás. Y nos enfadamos al ver que las cosas no se hacen bajo nuestro criterio. Nos crispamos al ver que los demás no ven aquello que para nosotros es como si estuviera saltando frente a ellos, agitando los brazos, clamando atención con una pancarta explicativa y con flechas de neón señalándole.

 

Círculos de influencia

Todos tenemos lo que se llama círculo de influencia. El círculo de influencia es ese espacio en el que nuestras preocupaciones, acciones y forma de actuar pueden surtir un cambio favorable en el devenir de una situación. Es en ese campo, ese espacio, en el que nuestras acciones son efectivas. Es el lugar en el que verdaderamente podemos y debemos invertir nuestros esfuerzos para lograr nuestros propósitos y objetivos.

En ocasiones, debido a que nos dejamos llevar por nuestros pensamientos y por cómo nos gustaría que fuesen las cosas, nos olvidamos de revisar si estamos utilizando los recursos de forma racional, útil y efectiva.Tenemos prisas por conseguir que las cosas sucedan. Y esas prisas conllevan que nos olvidemos de asegurarnos de permanecer en nuestro círculo de influencia.

Enfocándonos fuera de nuestro círculo de influencia, no solo invadimos el de los demás (tal vez creando así situaciones tóxicas), también consentimos que la impotencia nos invada a nosotros. En vez de conseguir, expandiéndonos en el terreno ajeno, sentirnos más capaces y con mayor influencia, lo que sucede es más bien lo contrario. Nos sentimos cada vez más incomprendidos, más impotentes y más estresados. Más como los de la foto… o más abatidos. Todo depende de qué emociones tomen más fuerza en nosotros.

Si trabajamos nuestras comunicaciones de forma empática y reforzamos nuestra seguridad en nosotros mismos y en nuestras capacidades centrándonos en nuestro círculo de influencia, con paciencia y sin prisas nuestro trabajo no será una lucha, sino algo fluido. Nos daremos cuenta de que visitando nuestro círculo de influencia y realizando nuestras acciones en él, aquello que antes eran solo sueños inalcanzables, resultan estar a unos pasos que son totalmente realizables, si nos decidimos a regalarles el consecuente esfuerzo que merecen.

 

¿Podemos hacer algo para neutralizar nuestro estrés en el trabajo?

Si bien es cierto que, debido a la forma de liderar de las personas jerárquicamente superiores a nosotros, podemos encontrarnos con poco margen para trabajar de forma independiente y con un sistema adecuado a nuestros ritmos, necesidades, comodidad y forma de organizarnos; dentro de ese espacio que nos reste (sea este mayor o menor) continuamos teniendo tres aspectos importantes a nuestro favor:

  • Podemos elegir cómo sentirnos al respecto. Esto, que suena tan metáfisico y casi esotérico, tan fantasioso… ¡resulta que es cierto! No me extenderé mucho sobre ello, puesto que escribí este post en Por el camino azul sobre nuestra capacidad de elegir cómo sentirnos. Y, no se lo digas a nadie, pero en futuros posts volveré a tocar el tema 😉
  • Podemos mejorar nuestra experiencia, poniendo a raya los pensamientos intrusivos. Cuando sobrevienen pensamientos intrusivos que aumentan nuestro malestar, está en nuestra mano ir más allá del pensamiento. Rebatirlo. Y si eso no surte efecto, darle las gracias por aparecer, e indicarle que en ese momento preferimos centrarnos en otras cosas. ¡Y no bajarnos de ese burro, por mucho que él insista! Calmadamente, le insistiremos cuantas veces haga falta.
  • Podemos recordar que nada está completamente a nuestro favor o en nuestra contra. Difícilmente nos encontraremos en un puesto en el que el margen de acción sea nulo. Así que, aprovechemos este margen para mejorar nuestra forma de trabajar y sentirnos. El ejemplo de nuestra forma de autogestionarnos puede favorecer que los demás expandan su punto de vista y la forma de trabajar en la oficina sea más sinergética.
 

¿Cómo puedes ponerlo en marcha?

  1. Trabaja en tu capacidad de detectar si te encuentras en tu círculo de influencia. Un truco es fijarte en si tu nivel de estrés, en qué tipo de pensamientos tienes… si tu impotencia crece o bien no te encuentras en él o bien necesitas tomarte un kit kat, relajarte, y volver a evaluar la situación.
  2. Reflexiona acerca de qué aspectos quieres mejorar y cómo puedes llevarlos a cabo. Inspírate en los demás, nútrelo todo con tu imaginación.
  3. Valora tus futuras acciones teniendo en cuenta su importancia y urgencia.
  4. Respeta los círculos de influencia de los demás, pues son ellos quienes los gestionan. Cada persona tiene sus tiempos para ver una misma situación. No des por hecho que están equivocados. Cuando sea preciso realizar cambios fuera de tu círculo de influencia, recuerda que no dependen de ti. No te ciegues.
  5. Pon a régimen tu ego. Es una ampliación de los puntos anteriores. Tenemos tendencia a creer que hay una única versión de lo que es correcto, de la verdad y de lo necesario. Esto no es así. Así que, primero por a dieta tu ego, no lo alimentes más. Y, ya con más calma, hablaremos otro día de cómo apaciguarlo, ponerlo a raya, amansarlo…
  6. Comunicación no es hacerse comprender, es asegurarse de haber comprendido y actuar en consecuencia. ¿Recuerdas aquello de a buen entendedor…? Pues a mal entendedor, incidencia al canto 😉 
  7. Simplifícalo todo. Simplifica tu forma de detectar si estás en tu círculo de influencia. Simplifica tu modo de analizar las situaciones y valorar tus acciones. Simplifica tu forma de ponderar tu entorno. Simplifica tus pensamientos negativos o complicados. Simplifica tus expresiones al hablar con los demás. Simplifica tus malentendidos preguntando lo que de verdad necesitas saber.

 

Actualización Enero de 2016

No puedo dejar de compartir con vosotros un artículo relacionado de Rafael Cerviño:

Estrés laboral y autocontrol preventivo, en su blog Racerfor.

Rafael también colabora en la web La Nueva Ruta del Empleo, aquí podrás ver su espacio como colaborador.

¿Ya estás trabajando tu efectividad en el trabajo? ¿Cómo mejoras tus acciones en tu círculo de influencia?

¡No te pierdas nada de Por El Camino Azul!
Subscribiéndote recibirás todas nuestras novedades en tu mail

¡Sin Spam!

Cada vez que un blogger hace spam

el vínculo con sus seguidores tiembla.

Puedes indicarme qué tipo de información no quieres que te envíe.




Rosa Palmer

Soy la creadora y principal blogger de Por El Camino Azul. Ex-Miembro y reportera de la iniciativa de orientación laboral Parejas Orientadoras. Colaboro periódicamente en La Nueva Ruta del Empleo. Mi vicio son las palabras. Adoro la vida, sus misterios, la comunicación y la creatividad. Me motiva la idea de difuminar la terrible frontera entre placer y trabajo. ¿Te apuntas?

¡Ahora te toca a ti! ¿Qué sientes con respecto a este artículo?

Uso de cookies

Por El Camino Azul utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, haz clic en el enlace si deseas obtener más información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: