Orientación laboral: una excusa para enamorarte de tu camino.

¿Qué es la orientación laboral:? Es navegar en ti mismo y descubrir esa bella paz que brinda ser consciente de que tienes opciones para dar magia y color a tu vida. ¿Te apuntas?

 

introspección

 

Me llamo Rosa Palmer. ¿Me conoces? No te preocupes: hasta no hace mucho, yo tampoco me conocía. No vayas a creer que es un chiste malo. Es un hecho. Una aventura.

Las aventuras, quizá no lo hayas advertido aún, muchas veces arrancan con una pregunta. Mis preguntas habitualmente comenzaban con un “¿Y si…?“. Esta vez, no obstante, la pregunta que encendió la chispa no nació en mi interior. Esa pregunta fue lanzada a una clase por un docente. ¿Adivinas cuál fue, esa pregunta? Aquí la tienes: “¿Quién eres?”.

No me voy a entretener en hablar lindezas del docente, porque hoy no me apetece lanzaros al apasionante mundo de la formación (caeríais irremediablemente en él, os lo aseguro), sino al desconcertante pero liberador  mundo de la introspección.

Un mundo en el que cuanto más investigas, más descubres lo apasionante que es investigar y, lo que es mejor: lo apasionante que puede ser uno mismo si se atreve a verse (que no mirarse) más allá de la vista y el pensamiento.

Tenemos, como bien sabréis, la tendencia a catalogarnos, a nosotros y a los demás, a ponernos etiquetas según nuestro sexo, nuestra edad, nuestra profesión… de hecho, hasta ese mismo momento en el que la pregunta vino a nosotros, a buen seguro que mi respuesta hubiese empezado con un “Soy una Auxliar Administrativa…”.

Error.

Y no es un error porque me encuentre en desempleo. Tampoco porque tenga competencias para ejercer otras profesiones (a mi ego le encanta la idea de pensar que con soltura). Es un error porque yo no comienzo a ser a raíz de tener o no tener empleo. Yo comienzo a ser a raíz de existir, de sentir, de crecer.

Así que como primeras palabras de mi actual respuesta, muestro: “Soy una mujer…”. La palabra chica, cuando una tiene 35 años y es risueña pero profunda, considero que no tiene cabida. Y yo no lamento ninguno de mis años, ni meses, ni días, por muy mejorables que puedan resultarme en algún momento. Yo formo parte del increíble club de las que se sienten orgullosas de ser mujer, de que se te marquen -irremisiblemente- al sonreír unas leves arruguitas alrededor de los ojos, de no sentirme inferior a nadie por ello, por ser soltera, por no ser madre, por cualquier cosa que considere que no tiene porqué ser el pilar de mi existencia…

Soy una mujer… ese ya es un inicio que parece no tener importancia, aunque yo prefiero notar que sí lo tiene: muestro mi respeto hacia mí misma, hacia mi sexo, hacia mi experiencia. De ahí en adelante, sólo tuve que pensar en aquello que había despertado interés, sonrisas, sorpresa… en los demás, así como en mí misma cuando eran ellos quienes, con sus palabras, describían su versión de quién soy yo.

Qué había logrado en mis puestos de trabajo, qué de mis acciones, qué de mis capacidades y competencias habían marcado una diferencia, tal vez un antes y un después en el puesto, en el departamento, en la empresa, en mis amistades, en mis relaciones, en mí misma… Para eso necesité un bloc, un boli y poner a raya esa vocecita interior que estaba empeñada en ser más modesta de lo necesario. ¿Por qué resultará tan desconcertante, eso de reconocer las propias cualidades?

Descubrí que mis defectos no tenían porqué verse como tal. Que mis virtudes no tenían porqué permanecer estáticas. Que sólamente respondiendo a esa pregunta ya tenía un sinfín de cosas sobre las que profundizar, sobre las que aprender. Si me apuras, incluso aprendí lo fantástico, productivo y motivador que había resultado eso de desaprenderme…

¡Y desaprenderme permitía una evolución mayor, permitía un movimiento que no tenía porqué ser dirigido hacia ninguna parte salvo la que me dictara el corazón, el cerebro, la ilusión!

Esforzándome en dar respuesta a esa pregunta, descubrí que había provocado que otra pregunta, llena de posibilidades, se colara en mis pensamientos. Conquistando mi interés, mi atención, mis recursos… Y esa pregunta era “¿Quién quiero ser?” Que me llevo a: “¿Quién puedo llegar a ser?”

Todas y cada una de ellas me mostraban, por supuesto, ciertas limitaciones: Me faltaba un poco de aquí, un poco de allá. Habría que pulir esto o lo otro. Habría que conseguir lo de más allá… no obstante, descubrir quién eres, descubrir quién quieres ser, descubrir quién puedes llegar a ser es, a mi entender, como despertarse en una novela romántica, viviendo un amor sin fronteras de ningún tipo. Un amor apasionado, aunque increíblemente racional. Un amor por el que atravesar obstáculos, inconvenientes, aparentes antagonistas como el tiempo, la rutina, el conformismo… Un amor apasionado no hacia un rudo muchacho viril y deslumbrante, sino un amor apasionado hacia la pasión que despierta conocer, por fín, cómo de fascinantes somos y podemos llegar a ser para nosotros mismos, si simplemente enfocamos la lupa hacia nuestro interior. Si simplemente nos enamoramos de aquello que ven en nosotros aquellos que nos quieren con amor incondicional… con respeto incondicional… con valoración incondicional.

Y todo esto nacido de una única pregunta.

¿Qué no va a poder conseguir una buena, una óptima orientación, si con una única pregunta, una puede lograr despertar todo esto?

 

¿Qué opinas de la orientación laboral? ¿Has practicado la introspección? ¿Cuál ha sido tu mayor sorpresa, al conocerte mejor?

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Rosa Palmer

Soy la creadora y principal blogger de Por El Camino Azul. Ex-Miembro y reportera de la iniciativa de orientación laboral Parejas Orientadoras. Colaboro periódicamente en La Nueva Ruta del Empleo. Mi vicio son las palabras. Adoro la vida, sus misterios, la comunicación y la creatividad. Me motiva la idea de difuminar la terrible frontera entre placer y trabajo. ¿Te apuntas?

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