A través de sus palabras: Truman Capote

Toda vida encierra una historia, una lección no escrita que puede motivarte, que puede enterarte de qué ejemplos es mejor no seguir. Hoy te invito a zambullirte en la nada convencional vida de Truman Capote. Para conocerle un poco mejor a él. Para conocernos un poco mejor a nosotros mismos.

 

Truman Capote

 

Tal día como hoy de 1984, fallecía entre sueños el escritor Truman Capote. Controvertido como pocos, mitad angel, mitad demonio, Capote vivió una existencia de semidiós que conllevaba un dolor intrínseco, difícil de digerir, difícil de trascender.

El éxito apareció en su vida siendo muy joven. Esto provocó dos cosas: que se le tildara de genio, que se le tildara de afortunado. Pocos se lanzaron a bucear entre sus amadas palabras para averiguar de dónde brollaban y porqué lo hacían con tanta intensidad.

 

Todo fracaso es condimento que da sabor al éxito. Truman Capote.

 

Truman fue un niño que tuvo unos padres-sol. Ese tipo de padres que, al verlos de lejos, uno tiene arduos deseos de acercarse, de acariciarlos, de notar su candor por fin; y que, al encontrarse estos más cerca, esa misma cercanía se torna insoportable, abrasadora y vacía a la vez.

Era distinto, y lo sabía. No podía ignorarlo. Era sensible. Pequeño. Bello. Hasta su voz era distinta, peculiar, inconfundible. Aprendiendo del amor insano, de lo que duele querer a quien no sabe quererte bien, tuvo relaciones siempre tormentosas, siempre desgarradoras, que él mismo señaló más como obsesiones que como pasiones.

Porque sí: Truman era solo un niño grande que deseaba (¡cómo deseaba!) ser amado como tantos otros niños en el mundo, de forma incondicional. Lo deseaba tanto, tanto, tanto, que no fue capaz de reconocer ese amor cuando aparecía y le abrazaba. ¿Y por qué no era capaz? Tal vez había creído demasiado a aquella voz interior, aquel tedioso Pepito Grillo que le indicaba que si sus propios padres no habrían sabido quererle, no podía ser por otro motivo sino porque él no lo mereciera. Y si no merecía el más básico de los amores, el más automático, sencillo, natural y espontáneo, déjate de esperar que el maravilloso, romántico y mágico amor de parejas y amigos surja auténtico, vivaz, definitivo.

 

Más lágrimas se derraman por las plegarias respondidas que por las no respondidas. Truman Capote

 

Esta frase de Santa Teresa fue elegida por él para el epígrafe de su última obra, inacabada. Más lágrimas por aquello por fin alcanzado que por aquello que se queda en simple sueño.

Boicot. Esa, me temo, es una de las palabras que más me vienen a la cabeza al pensar en Truman. Boicot. Autoboicot. Algo en él se empeñaba en no acompañar al éxito que tenía de continuo. Porque si se vio solo de amistades profundas no fue por mala suerte, ni por arrimarse a personas interesadas (que a buen seguro aparecieron en su vida), sino por arrimarse demasiado a aquellos pensamientos funestos que provocaban que escapara de todo lazo, por incómodo, por inusual, por no saber qué hacer con él.

Al leer sus textos, al leer su biografía, una no puede sino notar que, en cierto modo, Truman bebía la vida a golpe de sentimientos convertidos en palabras. Las paladeaba y les daba una forma y textura únicas, y las regurgitaba sobre el papel para después jugar con ellas con maestría.

Su vida, una travesía del dolor al éxito como círculo vicioso, decorada de belleza, de soledad en compañía, de soledad en amargura. Bañada con alcohol, con exquisitez. Bañada con dolor, con risas. Bañada con éxito y con el más profundo de los fracasos. Una tranquilidad y amor que ansiaba mientras huía despavorido de ellas.

Y vino la ambición, la inspiración o quizás la casualidad a susurrarle al oído que podía tomar la escritura y darle una buena sacudida. Que no tenía porqué limitarse a estilos porque ya estuvieran establecidos. ¿Porqué separar la novela, la poesía y el periodismo? Quiso la fortuna que supiera del terrible suceso que cambiaría su vida por completo: el que plasmó en su famosa obra A sangre fría.

 

A Sangre Fría, obra maestra de Truman Capote

Esas tres palabras, además de ser el título elegido, fueron las que envolvieron también la descripción de la escritura de esta agotadora y genial obra. No en vano, Capote viajó hasta el lugar de los hechos, con su estimada Harper Lee, como compañía y puente acomodaticio hacia los lugareños. Y consiguió desentrañar la vida y alma de la localidad, de las víctimas y también de los verdugos. Consiguiendo afianzar una amistad con ellos que le aportó tantos datos, tantos sentimientos y tanto pequeño detalle cotidiano, que su obra casi parecía haber sido vista y contada por un testigo presencial que nadara de corazón en corazón, de alma en alma.

No pocas críticas le sobrevinieron por estas acciones, ya que las entendieron como interesadas. Fuesen o no así en inicio, desde luego que resulta evidente que hubo un antes y un después de “A sangre fría” en Capote. Un antes y un después que duele de ver, en la distancia y en el tiempo.

Sus palabras, su arte y aquello que ambos encierran fueron los que le aportaron gran número de amistades con personas y personalidades de lo más granado. Actores y actrices, artistas, periodistas, escritores… todos disfrutaban de aquella peculiar forma de morder el mundo y convertirlo unas veces en arte, otras en caricatura. Su locuacidad le rodeaba de personas que disfrutaban con sus anécdotas de lo más variopintas. Y poco importaba entonces su voz aguda, su amaneramiento o su sexualidad.

 

La amistad es una ocupación a tiempo completo si realmente ese alguien es tu amigo. Por eso, no se puede tener muchos amigos, no habría tiempo para todos. Truman Capote

 

Debió de resultarle sencillamente agotador, en algún momento, todo este trajín de personas ávidas de otro pedacito de él. De su ingenio, de sus palabras. Porque en un momento dado decidió dárselo todo, tal vez esperando que así le dejaran en paz de una vez. No tener que jugar más a ser mordaz, a ser avispado, a ser cruel. Paz. Paz y amor. Eso deseaba. De eso huía.

Así que desenfundó todos sus aguijones, toda su gallardía caricaturesca y la vertió en textos en los que mostraba una parte distinta de los personajes famosos retratados en ellos. Una imagen de aquellos que gustaban llamarse sus amigos cuando venían bien dadas. Podar su árbol de la amistad para que las ramas que quedasen fuesen más bellas, largas y se sintiesen reforzadas… Quién sabe si fue ese su objetivo en verdad.

 

La escritura dejó de ser divertida cuando descubrí la diferencia entre el escrito bueno y malo y, aún más aterradora, la diferencia entre éste y el verdadero arte. Y después de eso, vino el látigo. Truman Capote

 

Cualquiera que fuese su motivación, le aportó más dolor, más vacío y más inútiles botellas, más destornilladores de los que no atornillan. Y un conocimiento: no se puede ser un genio todo el tiempo. Tanto se había vaciado de creatividad y de sí mismo en sus obras, tanto se había implicado en la atrevida obra cumbre, tanto se estaba rebozando de negatividad y de baja autoestima, que incluso aquello que siempre le había aportado paz, las palabras, dejaron se ser fuente de catarsis.

Y no pensemos que el látigo del que hago referencia más arriba era para azotar a nadie, sino a sí mismo. Si bien es cierto que cualquier persona que siente la necesidad de autoflagelarse no puede sino dañar también a quienes se encuentren a su alrededor, con el viaje que dicho látigo rasga en el aire.

Vacío de creatividad, con palabras que ya no aportaban sosiego, con transparentes botellas que se multiplicaban, comenzó el genio a perderse más y más.Truman se perdía a sí mismo, gota a gota. Quería perderse, naufragar en sí mismo. Darle sentido a todo esto, en ese naufragio sin fin.

Ser un genio no es sencillo. Requiere de un don, sí. Requiere de un trabajo, un esfuerzo, también. De una disciplina férrea no solo en tu propio sistema de aprovechar tus capacidades sin desproveerte de ellas. De crecer y crecer y que ese crecimiento sea productivo, más que producto. Requiere de un reforzase a sí mismo en ese camino. Cuanto antes.

Decía Truman que la mayoría de las personas tiene capacidad para trabajar creativamente. ¡Existen tantos y tantos modos de incluir la creatividad en nuestras vidas! Insistía que el único problema residía en que la mayoría no lo notaban. No percibían esa capacidad.

Yo te animo hoy, aniversario de un triste final, a que te atrevas a vivir un comienzo. A que te atrevas a cuestionar aquella voz interior que te indica que no mereces esto o lo otro. Que cuestiones esa voz que te indica que no eres capaz. Que te dice que lograste algo por pura suerte.

Te animo a que tomes la palabra disciplina y te olvides de su sonido a obligación, su aroma a tedio, su sabor a amargura. Y te animo también a que enlaces tus acciones con tus despertares. A tus sueños con tus sonrisas. Que enlaces tu ilusión con tu disciplina. Que propicies con su enlace un ir y venir de creatividad. Un ir y venir de posibilidades. Un ir y venir de experiencias que paladear, aunque sepan al principio peligrosas.

Te animo a no detenerte en aquellas vivencias dolorosas de tu pasado. En aquel amor no correspondido. En aquella tragedia que te desgarró el alma. Porque ni tu alma, ni quienes te quieran, ni aquellos que ya no están merecen que se desperdicie ese don tan maravilloso que es la vida. Ese don tan maravilloso que es el amor. Ese don tan maravilloso que es el aprendizaje que puedes aportar a personas que estén viviendo sus propias situaciones-golpe.

No permitas que tu dolor sea un ancla que no te deje avanzar. No provoques que lo bueno que esté por sucederte te esquive por encontrarte tú escondiendote aquí y allí bajo palabras duras que en el fondo sabes no merecer.

Te animo a que des un pasito, sólo un pasito en el lado que te parezca mejor. Una sonrisa. Un suspiro. Tal vez un beso. Un maravilloso abrazo que te reconforte y encerrándote en la caricia, te abra de nuevo a la vida.

Te animo a animarte y a compartir, en la distancia pero bien de cerca, en el silencio de las palabras no pronunciadas, el triunfo del brillo en tus ojos, sobre las palabras de Truman, sobre la posibilidad, sobre la vida.

 

¿Qué es lo que te impacta de la figura de Truman Capote? ¿Ya enlazas tus sueños? ¿Cuál ha sido el último sueño que has cumplido?

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Rosa Palmer

Soy la creadora y principal blogger de Por El Camino Azul. Ex-Miembro y reportera de la iniciativa de orientación laboral Parejas Orientadoras. Colaboro periódicamente en La Nueva Ruta del Empleo. Mi vicio son las palabras. Adoro la vida, sus misterios, la comunicación y la creatividad. Me motiva la idea de difuminar la terrible frontera entre placer y trabajo. ¿Te apuntas?

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