Relato: La imparable sensación de vivir

En este relato, la narradora fantasea vívidamente con la consecución del amor, de un amor que insufla vida e ilusión.

 

vida

¿Sabes? No puedo evitar preguntarme qué estarás haciendo ahora. Y ahora. Y ahora. Me gusta imaginarte sin imaginarte, tratando que algo de ti se filtre en la oscuridad de la noche y la deslumbre por completo.

Hoy es viernes. Tiempo atrás, los viernes eran días en los que amanecía con una promesa de diversión, con la posibilidad de encuentros que cruzaban fronteras y besaban manos. Ahora los viernes casi son el bajar del telón. Pero sólo casi. Yo tengo asida la cuerda que lo iza, así que no hay peligro de que este termine rozando el suelo… a no ser que a mí me apetezca.

Y sí, has adivinado bien: no me apetece.

Lo que sí me apetece es averiguar. No tu ubicación, sino tus pasos. No tus sentimientos, sino tu latir. No tus sueños, sino tus suspiros. Me encanta descubrir el brillo de purpurinas en tu aura, cuando no eres consciente de ser observado, cuando estás concentrado en tus cosas, en tus pensamientos, en tu centro.

Es tan hipnotizante, verte, hipnotizado por la esencia de la esencia que te envuelve… es tan curioso, que no seas consciente de lo bello que es cada gesto tuyo cuando permites que cada instante fluya en ti, de ti, hacia ti…

Aun recuerdo la primera vez que pasé la noche en vela pensando en ti y en si lograría cruzarme contigo a la mañana siguiente, algún día, alguna vez. Yo tenía hambre de sueños y un arsenal de estrellas fugaces a las que rezar. Tú bien podrías haber sido sólo un deseo más… Tú podrías haber sido sólo un misterio más… Tú podrías haber sido, quien sabe, el escudero que me acompañase en las aventuras que mi creatividad me terminara por regalar.

Un regalo, sí. Así te veo: como un regalo que aparece a lo lejos. O bien cerca, de forma difuminada o clara como un rayo de sol. Un regalo de los ángeles, tal vez de los infiernos… un regalo de incipiente valor.

¿Sabes? A veces pienso que no logro alcanzarte porque te encuentras demasiado lejos. Luego recuerdo que, de ser así, no podría ni verte, ni soñarte, ni lanzarte hacia las nubes que te acogen en mis sueños.

Luego recuerdo las caricias que acaricio con los dedos, recuerdo la locura en la que caen las chispas de mi pecho, recuerdo aquella sonrisa tuya que funde todos los tiempos, todas las distancias, todos los peros…

Es realmente precioso verte así, en mi mente, sobre la cama, leyendo un libro que te aparta del frío y te acerca a mi alma. Hay algo de locura en esa imagen, hay algo de sensatez en el hervor que provoca cada revolución cósmica que despierta tu mano derecha al pasar una página. Y otra. Y otra… Al acariciarlas, mientras las ensoñaciones vuelan del negro sobre blanco hacia el rojo diablo, rojo Ferrari, rojo sangre.

¿Sabes? Podría soñar eternamente contigo, sin siquiera cerrar los ojos, ni parpadear, ni suspirar. Te echo de menos como sólo se echa de menos aquello que no se ha tenido jamás, como se añora aquello que se ha perdido, como se desea aquello que está rozando la yema de tus dedos…

Tus dedos. Tus dedos y las páginas. Mis páginas, que bien podrían mostrarte todo aquello que aún tengo por imaginar. Tus dedos y los timbres a los que aún no se han podido acercar. Tus dedos y los mensajes que jamás abrirán…

Es tan bonito soñar… envolverse en esa algodonosa sensación de comodidad en la mente, acomodarse, cobijarse, envararse, electrizarse y suspirar. En serio… es tan bonito, soñar.

¿Sabes? Creo que por ello me resulta tan extraño todo esto. Es de lo más desconcertante, abrir los ojos a una nueva mañana en la que soñar es bello, sí, pero su belleza no basta.

Y no basta, créeme. Ya no me basta. Ni por asomo. Algo en mí, cuyo nombre aún desconozco, ha crecido. Ha surgido de mi interior y se ha prendado en mis manos, en mis pensamientos, en mis noches, también.

Ahora ya no me parece suficiente soñar con imágenes de las Mil y una noches, con imágenes del reino de Fantasía, con imágenes del tú y yo, solos, bajo el manto de la noche, sobre la arena mojada.

Ahora, algo me impele, me exhorta, me despide hacia el movimiento. ¿Y sabes qué? Al movimiento le gusta como ando, como corro, como juego, como bailo y cómo me pongo de puntillas para tomar todo aquello que por fin tengo claro que me merezco.

¿Sabes? Soñar es precioso, insufla magia, llena de posibilidad los tiempos vacíos… Y actuar, detectar acción, ponerse en marcha, desperezarse, sacudirse la vergüenza, limpiarse la tristeza, pintarse los labios, probarse los chapines colorados, descubrir que aquello que ansías alcanzar ya lo tienes, si te fijas, si aprendes a mirar bien…

Si aprendes a mirar bien descubres, de pronto, porqué tu mirada atrae tantas otras. Porqué tu sonrisa caza sonrisas. Porqué la vida no es planificar… descubres que la vida es vivir.

Descubres que la vida es vivir ¿sabes?

 

 

Y para vosotros, Exploradores: ¿qué es la vida?

¡No te pierdas nada de Por El Camino Azul!
Subscribiéndote recibirás todas nuestras novedades en tu mail

¡Sin Spam!

Cada vez que un blogger hace spam

el vínculo con sus seguidores tiembla.

Puedes indicarme qué tipo de información no quieres que te envíe.




Rosa Palmer

Soy la creadora y principal blogger de Por El Camino Azul. Ex-Miembro y reportera de la iniciativa de orientación laboral Parejas Orientadoras. Colaboro periódicamente en La Nueva Ruta del Empleo. Mi vicio son las palabras. Adoro la vida, sus misterios, la comunicación y la creatividad. Me motiva la idea de difuminar la terrible frontera entre placer y trabajo. ¿Te apuntas?

¡Ahora te toca a ti! ¿Qué sientes con respecto a este artículo?

Uso de cookies

Por El Camino Azul utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, haz clic en el enlace si deseas obtener más información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: