¡Sin ti esto no tendría tanta gracia!

Descubre cómo ha sido la evolución de mi escritura dentro y fuera del blogging.

 

Gracias

 

Un@ puede escribir por muy diversos motivos. Soy de la opinión de que, en cierto modo, cada texto que escribes atesora en cierto modo los propios. Uno de los que motivaron la creación de este blog era facilitar caminos hermanados con el mío en algún que otro punto, mostrando qué había aprendido sobre el tema que envuelve cada título de cada post.

Hay momentos en la vida en los que, por extenso y amplio que sea el mundo de Internet, aquello que desearías aprender para vivir de forma sana tal vez fue escrito con palabras diferentes a las que introduces en Google, o tal vez aún a nadie le visitaron las musas para cantárselo al oído…

Y me dije: “ojalá hubiera un texto sobre este tema”.

Vino entonces el recuerdo de una conversación con mi abuela materna, mi Tata. Sucede que cuando era pequeña, aprendí a leer a una edad temprana y casi por mi cuenta. Además de eso, tenía una madurez, tal vez profundidad, no acordes a mi edad. Así que las lecturas adecuadas a mi fecha de nacimiento no me gustaban demasiado. Curiosamente hora adoro los libros infantiles, los que están escritos con guiños a la imaginación e inteligencia de los niños, claro está. No obstante, por aquel entonces:

-Parece que nos tratan como tontos… -me quejaba yo de algunos cuentos. Puesto que consideraba que una cosa es tener mucho por aprender y otra muy distinta que los niños no las sepan por falta de capacidad. Para mí, resultaba palpable que el autor o autora escribía sin tener palpable y presente su propio niño interior.

-¿Qué le pasa a los mayores, no se acuerdan de cuando eran niños? -Era otra de mis inquietudes. ¿Qué sucedía cuando madurabas, que tantos adultos miraban hacia abajo a los niños, en vez de ponerse de cuclillas o sentarse en el suelo…? ¿Qué sucedía para que desestimaran las inquietudes, las inteligencias, la curiosidad y la imaginación?

Cuidado que tuve una grandísima suerte: entre mis adultos había una buena colección de niños interiores inteligentemente trabajados. Fui libre de jugar, disfrazarme, imaginar y creer que todo era posible cualquier día de mi infancia.

Sea como sea, los cuentos no del todo bien enfocados a niños, me trajeron algo maravilloso, que fue la conversación con mi Tata, en la que me indicó (como ya os he contado en otros textos, como este) que yo tenía los ingredientes o competencias más importantes para poder escribir. ¡Yo misma había cometido el fallo de infravalorar mis capacidades debido a mi edad!

Y así arrancó todo: con cuentos en los que objetos inanimados tomaban vida, me conseguía un hermano pequeño (éramos dos, yo prefería cuatro 😛 ), aparecían vampiros sanguinarios o era capaz de volar.

Vinieron después los poemas, los cuentos con subtramas, los primeros conatos de novela, los textos en catalán, los textos en inglés (obtuve el Proficiency en 1997 en la Escuela Oficial de Idiomas de Palma de Mallorca, con 19 años, en verdad no era tan complicado para mí 😎 ).

Vinieron épocas en las que escribí sin escribir. Esto es: vivía distintos aspectos jugando mentalmente con su aspecto literiario. ¡Había literatura y poesía por doquier!

Y llegados al punto de iniciar este blog, recordé qué tipo de textos me hubiera gustado encontrar en Google, entre otras cosas porque tal vez mi vivencia sucedió cuando éste aún no existía en mi día a día.

Estaba en búsqueda de empleo, así que surgió la inevitable pregunta: ¿era una buena idea mostrar ese tipo de temas? ¿Me iba a perjudicar hablar sobre vivencias dolorosas? No olvidemos que podían extraerse lecturas diversas acerca de mis palabras…

Lo cierto es que, tras reflexionar, se impuso la lógica: tampoco me apetece trabajar en una empresa que haga una lectura negativa de unos textos en los que pretendo mostrar que a todos nos suceden cosas dolorosas, que es lícito sentirnos mal por ello, pero no tenemos porqué seguir en ese estado. Rebozarnos en él. Sentirnos víctimas de la situación, de las emociones, de nosotros mismos…

Tras ampliar los temas que trataba en mi blog, fruto de mi propia evolución, mi propio aprendizaje y mis ganas de compartir, sucedió que me encontré compartiendo conocimientos conforme los iba adquiriendo.

¡Maravilloso, no?

Pues a mi mente le dio por crear el pensamiento negativo de que eso era una suerte de intrusismo: ¿qué hacía yo escribiendo sobre cosas que no “controlaba”?

¡Infravaloré mis capacidades! Infravaloré que el mayor capital que tenga tal vez mi blog sea eso: mi aprendizaje y su expresión. Solo yo puedo hablar con profundidad y  real conocimiento de causa acerca de mi aprendizaje.

Y, sobretodo ¿cómo ser intrusa, si es evidente que no “vendo” competencias, sino que comparto aquello que descubro (o me descubre a mí  😉 ) y me lleva a reflexionar? Es decir: comparto cómo me voy descubriendo a mí misma, conforme los conocimientos van filtrándose y acomodándose en mí. Cómo descubro nuevas competencias en mí y  qué hago al respecto…

 

¿Y por qué continúo practicando el blogging?

Porque sigue habiendo muchas cosas por mostrar, muchas cosas por vivir. Muchas visiones desde nuevos ángulos, nuevos matices… porque sigo viendo el mundo como cuando era niña, como cuando haces turismo: sorprendiéndome aquí y allá.

Por el regalo que supone tu feedback. He recibido un maravilloso texto de forma privada por Linkedin, algún que otro comentario aquí. ¡Y en persona! Es tan emocionante, recibir cada uno de ellos… Pronto haré una sorpresita al respecto…

Porque supongo que cuando escribir no es solo enseñar o mostrar, sino aprender y mejorar, documentarse, investigar, buscar formas para darle mi toque personal… ¿cómo parar?

De hecho, tenía prevista una parada para este verano, coincidiendo con parte de las vacaciones en Parejas Orientadoras... y ha coincidido en el espacio y el tiempo con nuevas ilusiones y nuevas ideas para mejorar este espacio en distintos aspectos.

¿Sería buena idea desaprovechar este momento? ¿Tengo que tomar vacaciones sí o sí porque el calendario indique que es agosto? Este es mi espacio y es un “yo me lo guiso, yo me lo como”, en cierto modo. ¡Aquí soy mi propia jefa, la princesa, la reina y, si se me antoja, el sapo y la bruja!

Muchas gracias por guiñarme el ojo y pasear conmigo por las emociones, las experiencias vitales, la búsqueda de empleo, la búsqueda de un yo más relajado y sonriente… Muchas gracias por cada tuit, cada like, cada palabra y, sobretodo, por cada caricia que tu mirada ha dado a cada una de mis palabras.

 

 

¡Sin ti, esto no tendría tanta gracia!

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Rosa Palmer

Soy la creadora y principal blogger de Por El Camino Azul. Ex-Miembro y reportera de la iniciativa de orientación laboral Parejas Orientadoras. Colaboro periódicamente en La Nueva Ruta del Empleo. Mi vicio son las palabras. Adoro la vida, sus misterios, la comunicación y la creatividad. Me motiva la idea de difuminar la terrible frontera entre placer y trabajo. ¿Te apuntas?

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