Aquella vez que conseguí un sueño caído del cielo… o no tanto

Los sueños pueden convertirse en realidad de forma inesperada o trabajando directamente en ellos. Para poder experimentarlos con tranquilidad e ilusión, cómo nos relacionemos con ellos y los sustentemos marcará la diferencia. ¿Os apetece saber cómo?

 

 Chica pidiendo un deseo o sueño

 

Convertir sueños en realidad ¿cosa de magia?

Cuando un sueño pasa de ser una idea vaga a algo concreto… de alguna forma te quedas sin palabras y con cara de tonto ¿no creéis?

Voy a profundizar un poquito en un asunto sobre el que ya os he hablado en otras ocasiones: cómo publiqué mi primer texto en formato libro.

De pequeña y adolescente soñaba con ser escritora. Con el paso del tiempo, ese sueño fue un poquito en una especie de viaje en montaña rusa, tomando o perdiendo intensidad o importancia.

Eso sí, el aspecto del sueño era muy similar a lo largo de todo ese tiempo:  no eran tan importante la fama ni el dinero, como tener un ejemplar impreso, saber que había salido como fruto de mi trabajo, de mis años de lecturas y prácticas de escritura creativa…

Ese sueño era tan grande y sencillo a la vez… Poder tener en mis manos un libro, poder palparlo y olerlo (bien me entenderán los amantes de la lectura y la escritura con esto último) y que entre todas las palabras escritas en él constara mi nombre. Más aún, que entre las palabras escritas, en todo aquello que se encuentra entre líneas, hubiera un pedacito de mí como creadora de esa ficción…

Quiso la casualidad que, tras varias menciones como finalista en los Premios Artjove de mi ciudad (Palma de Mallorca) mis datos constaran entre los jóvenes narradores de mi tierra. Quiso también  la casualidad que se quisiera brindar una oportunidad a los narradores, mediante una modesta publicación (cuidadosa y cariñosamente cuidada por Sebastià Bennassar) en dos tomitos. Y también quiso la casualidad que ambas circunstancias se cruzaran y que una tarde recibiera una inesperada llamada en la que la característica voz de Tià me preguntaba si seguía escribiendo y si disponía de algún texto breve en catalán para que evaluaran la posibilidad de incluirlo en la “Antologia de Joves Narradors de Mallorca”.

Subidón. Lo siguiente. Y lo siguiente de lo siguiente. Unos cuantos saltitos. Y acción. ¿Acción? Escribía, sí. A menudo, también. En catalán… entonces ya no. Mis textos en catalán casi tenían edad de hacer la mili. Y por suerte, mi forma de escribir había  mejorado entre tanto.

Revisé mis opciones: textos que me dolían en los ojos (no porque fueran malos, sino porque yo había evolucionado hacia otra forma de escribir más elaborada), textos que estaban escritos en castellano o inglés… textos que me despertaban dudas… Hasta que encontré un candidato idóneo. Lo traduje al catalán, tratándolo como texto nuevo de cara a las correcciones (revisión, corte, confección y prueba de la garganta) y lo envíe creo recordar que en tres días. 

Debía de estar tarumba. Realizar esa labor tan importante en tan poco tiempo, incluso aunque el texto inicial hubiese sido la hostia no era muy razonable. Sin embargo, estaba muy ilusionada con el proyecto y confiaba plenamente en el resultado…

Al menos hasta muy poco tiempo antes de que se publicara. Porque sí, ¡eligieron mi texto! Y estaba muy ilusionada hasta que mis pensamientos me traicionaron:

  • si tiene fallos no los podré rectificar ya y quedarán allí para siempre”.  Siempre cabía una segunda edición de ese mismo texto por otros medios.
  • lo hice con muchas prisas, no puede estar bien”. La historia de la literatura muestra no pocos casos en los que escritores crearon obras de calidad deprisa y corriendo.
  • ¿Por qué me habré metido en todo esto, si no valgo?” Si no valgo ¿por qué me llaman para pedirme un texto? Es más ¿por qué tras enviárselo, deciden incluirlo?

Supongo que no hace falta que indique que me estaba desquiciando y mis pensamientos intrusivos se estaban cebando en las inseguridades que pudiera tener. De hecho, creo que parieron alguna que otra, ya que estaban.

Sea como fuere, todo esto me mostró algo muy importante:  los sueños (caigan del cielo o no), te sabrán mucho mejor si se encuentran bien sustentados, bien nutridos y bien refrescados.

¿Cómo sustentaríais vosotros los sueños?

Los pilares de los sueños

  • La sintonía. ¿Música? En cierto modo, sí. Estar en sintonía con nuestra naturaleza y forma de ser puede facilitarnos mucho nuestra labor como soñadores. Además, crea una banda sonora muy motivadora, a mi entender, muy útil para esos momentos “raritontos”)  en los que todo se nos hace un poco cuesta arriba. (Lo siento, este “palabro” me encanta y lo meto con calzador siempre que puedo).
  • Los “guays”. ¿Las partes que molan de nuestro sueño? También, aunque me refería más a las preguntas que nos formulemos de cara a tener más clara nuestra motivación, real y profunda, para que ese sueño sea importante. Me refería a esos “why?” (¿por qué?) a los que responder con todos los “para que” que vengan a reforzar nuestra motivación.
  • Nuestra forma de pensarnos. Esto es: cómo pensamos acerca de nosotros y nuestras capacidades y forma de actuar. Cómo nos hablamos a nosotros mismos, incluso sin darnos cuenta. Si nos pensamos de forma desajustada con la realidad, nuestros sueños pueden volverse logros mucho más lejanos. Aunque no os preocupéis, se puede mejorar en esta parte. Eso sí: no cae del cielo. Es preciso dedicarle tiempo y energías.

 

Conclusión

Soñar es precioso. Soñar qué pretendemos conseguir, cómo y en qué forma, concretando, afectará a nuestras vidas es una acción positiva. Siempre y cuando no nos olvidemos que el hecho de soñar, por sí mismo, no convierte ningún sueño en realidad.

También conviene recordar cuando consigamos un sueño “caído del cielo”, que por mucho que la consecución de ese sueño haya surgido de forma inesperada, esto no implica que no tengamos méritos o no hayamos trabajado en él a conciencia para lograrlo. No es justo para nosotros, para nuestro yo interior ni tampoco para las personas que nos quieren y rodean, que quitemos importancia a todo esto, alimentando inseguridades que deberían dejar de tener cabida en nuestro día a día y, sobretodo, en nuestra capacidad soñadora.

Conviene también recordar que los sueños, como las fantasías que son en un principio, pueden “sentirse” o “verse” de forma sesgada. Y así, personas que estén experimentando una situación vital positiva soñarán una consecución de sus sueños en la que todo viene rodado; mientras que personas que vivan una situación más negativa tendrán una visión menos Disney de su sueño… o se quitarán a sí mismos las ganas de soñar al enfocarse demasiado en las dificultades que puedan encontrar por su camino.

Ver las cosas demasiado fáciles puede conllevar que, cuando pasemos de soñar a trabajar en ese sueño, nos sintamos un tanto desencantados. Por eso es tan importante que tomemos nuestros sueños y los convirtamos en objetivos inteligentes o metas.

Con respecto a esto, he encontrado un texto de Fátima Abril que nos enseña a concretar nuestros sueños y considero que será un excelente complemento para este post.

¿Y vosotros, cómo os relacionáis con vuestros sueños? ¿Tenéis ya una forma elaborada de trabajarlos o, como yo, estáis aprendiendo a usar vuestras herramientas

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Rosa Palmer

Soy la creadora y principal blogger de Por El Camino Azul. Ex-Miembro y reportera de la iniciativa de orientación laboral Parejas Orientadoras. Colaboro periódicamente en La Nueva Ruta del Empleo. Mi vicio son las palabras. Adoro la vida, sus misterios, la comunicación y la creatividad. Me motiva la idea de difuminar la terrible frontera entre placer y trabajo. ¿Te apuntas?

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