Como tomar decisiones sin sufrir estrés

Tomar decisiones difíciles es una fuente de estrés, nos crea inseguridad y nos despierta un sinfín de preguntas ¿te apetece aprender a decidir sin tanta presión? ¡Continúa leyendo!

imagen de un hombre instando a tomar decisiones

 

¿Qué provoca que nos parezca difícil tomar decisiones?

Existen distintos aspectos que provocan que una decisión nos parezca difícil. Entre ellos se encuentran que

  • nos despierten emociones fuertes o impactantes: Cuando la elección a tomar es referente a algo que nos importa muchísimo o cuyas experiencias previas relacionadas nos han marcado.
  • sintamos presión: Cuando nos “meten caña” para decidirnos, o nos sentimos presionados hacia una opción en concreto debido a nuestro entorno o creencias.
  • presumamos consecuencias trascendentales al respecto: Cuando consideramos que la decisión a tomar puede marcar un antes y un después en nuestra vida y esto nos despierte temor a las consecuencias que creemos adivinar.
  • las opciones no estén diferenciadas en importancia de forma clara: Cuando las opciones son demasiado parecidas o tan diferentes que la comparación nos parece complicada o difícil de abordar con simplicidad.

¿Es, entonces, el miedo un aspecto determinante en la toma de decisiones?

Teniendo en cuenta lo arriba comentando, así parece ¿no crees?

Y es que nuestras creencias, la exaltación de nuestros valores, la presión de nuestro entorno y nuestras experiencias previas pueden despertar en nosotros un miedo innecesario.

Un miedo que nos lleve a otorgarle a la decisión que queremos tomar una relevancia que quizás no encaje con la situación real.

¿Y qué podemos hacer al respecto?

El miedo forma parte de nuestras emociones básicas. Es, además, una emoción que resulta de mucha utilidad… Cuando es realmente necesaria.

¿Y ya está?

No.

También es de gran utilidad para detectar aquellos aspectos que nos estresan.

Tras ellos es más que probable que se encuentre una falsa creencia que, para tener una vida con más asertividad, es importante aprender a detectar.

De ese modo, podremos trabajar en ella, “desmontarla” y  poder tomar decisiones con más libertad.

Cuando debemos hacer una elección y no la hacemos, esto ya es una elección. William James - ¡Compártelo: me ayudarás muchísimo!          

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¿Qué puedes hacer para elegir con más facilidad?

Como veremos con más detalle en adelante, los puntos más relevantes son:

  1. Desmitifica las elecciones: decidimos a todas horas, varias veces al día. Si bien no es equiparable elegir qué vas a cenar a si este es un buen momento para arrancarte a tener descendencia o a montar una empresa, es indiscutible que ser consciente de que las elecciones forman parte de nuestra vida cotidiana y no todas revisten de gravedad. Esto nos ayudará a no magnificarlas.
  2. Echa un vistazo a las decisiones que  has tomado favorablemente. A estas alturas ya has tomado una buena cantidad de decisiones. En algunas has acertado, en otras no tanto… Algunas no te queda claro si en verdad había una opción mejor y no tienes mucha idea de cómo valorar la experiencia… ¡Las decisiones y la vida son así!
  3. Recuerda que todos pasamos por decisiones difíciles. Dudar es habitual, no implica que no seas capaz, más lento o menos apto.
  4. Descubre o recuerda tu  naturaleza. Qué te mueve, motiva, gusta, hace vibrar… Y otra acción importante, en mi opinión:
  5. Amplia tu perspectiva. En ocasiones no nos paramos a observar con detenimiento las opciones que tenemos. Y, mirando de forma clásica, pensamos que tenemos solo la opción A y la opción B. En mi caso seguir buscando trabajo administrativo o lanzarme a escribir para conseguir ingresos.
  6. No te ciñas al blanco o negro. Tendemos a pensar que debemos elegir entre blanco y negro. Entre esto o lo otro. Bueno o malo… Existen matices. Si no practicamos para ver de forma más “colorida”, es casi como si nos pusiéramos la zancadilla nosotros mismos. Raro, raro ¿verdad?
  7. No taches a las decisiones como provocadoras de frustraciones. Y es que, como veremos, es posible encontrar una solución creativa que no pase por renunciar a algo que te guste.
  8. Reflexiona acerca de los efectos reales de tus equivocaciones. ¿En verdad ha sido tan desastroso errar o te mostró cómo no hacerlo la próxima vez y, por lo tanto, mejoraste?

Primeras creencias limitantes a “desmontar”

Las primeras creencias limitantes a desmontar son las que tienen que ver con la relevancia de las decisiones.

Es decir, aquellas creencias que magnifican la importancia real de la decisión.

Y es que es común que terminen apareciendo pensamientos como estos:

“No puedo tomármelo a la ligera: la decisión que tome será vital”

Como veremos en el próximo apartado, no todas las decisiones son tan trascendentes. Algunas solo lo parecen.

“No me puedo equivocar”

¿Cuántas veces la has liado parda y luego has descubierto que podías neutralizar tu metedura de pata, compensar, o que el error no era para tanto? ¿Cuántas veces tras equivocarte has aprendido algo que te ha ayudado después muchísimo?

“Tengo que elegir entre A o B”

A veces el miedo, o las prisas, no nos permiten ver todas las opciones que tenemos en nuestras manos. Una de las más importantes es que no tenemos por qué tomar decisiones solos.

Algo significativo sobre lo que no reflexionamos como tal vez debiéramos es que no todas las elecciones conllevan una renuncia obligatoria.

Son muchas las elecciones en las que una evaluación y creación de objetivos inteligentes nos mostrarán que sí que es preciso elegir cómo hacer las cosas. No obstante, no resulta imprescindible siempre quedarse con una opción en detrimento de las demás.

O estos otros

“Es preciso que tome una decisión ya”

Si bien es cierto que algunas decisiones tienen una fecha u hora límite impuesta por las circunstancias, a veces nos autopresionamos por encontrar una solución ya. Y es que la incertidumbre que despiertan nuestros miedos no es moco de pavo. ¡Quieres salir de este mal rollo, pero ya! Es normal sin embargo…

Antes de lanzarte, mejor pregúntate: ¿tiene realmente esta decisión una fecha límite inaplazable?

“Aún no puedo tomar ninguna decisión: necesito más información”

“El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide.” Henry F. Amiel - ¡Compártelo: me ayudarás muchísimo!          

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Algunas veces, esa necesidad de poseer una ingente cantidad de información que sentimos no es más que un síntoma de nuestros miedos. Mientras permanezcamos en esa fase de recabación de información, parece que tenemos una “excusa válida” para no afrontar ese miedo.

Sería estupendo que la situación se solucionase por arte de magia, pero hasta que sepamos como Harry Potter, mejor aprendemos a confiar en nosotros mismos ¿no crees?

“Los demás deciden con mayor facilidad que yo…”

Los miedos y las inseguridades no son compartidos como las alegrías. Son muchas las personas que no muestran con naturalidad sus vivencias a la hora de tomar decisiones.

¡Vade retro, visión sesgada!

Esto conlleva que compararse con los demás sea una acción arriesgada: tu visión será sesgada, pues ignoras aquello que esa persona no ha compartido contigo.

¿Se te ocurre algún otro pensamiento, has oído alguna vez alguna frase similar cuando alguien se encuentra ante un problema?

Hay tantos ¿verdad?

¿Cuál dirías que es el peor?

Aprender a detectar las decisiones que ignoramos

¿Sabes cuántas decisiones tomas al día?

Te lo diré yo, exactamente:

¡Una burrada!

Vale, no  ha sido muy exactamente, pero si continúas conversando conmigo verás como así es.

Suena el despertador ¿lo apago o descanso un poco más? O ¿lo apago o lo tiro por la ventana? 😉

¿Desayuno café con leche y croissant o té con tostadas y mermelada light?

¿Hago ejercicio ahora o aprovecho para ver mi correo y redes sociales?

¡Todas estas decisiones y es posible que aún no te hayas despejado del todo!

Una locura de decisiones

Y así transcurre el día. Un cúmulo de decisiones a las que no prestamos atención, porque son tan habituales…

¿Te imaginas que nos volviéramos locos cada vez que tuviéramos que elegir entre cereales o tostadas? Estrés y palpitaciones, preocupación y dramatismos… ¡Madre mía!

Sin embargo, nuestro desayuno es importante. Y es que nos puede llenar de energía… O puede dejarnos sin pilas a media mañana. Puede llenarnos de vitalidad mientras nos ayuda a adelgazar… O puede incidir negativamente en nuestra salud si incluimos en él alimentos que tenemos prohibidos por el médico.

¿Por qué, entonces, no nos estresa tomar ese tipo de decisiones?

Tal vez porque…

  • Sean cotidianas.
  • Sus efectos no se vean más que a largo plazo.
  • Sus efectos no se puedan asociar solo a una única (¿y definitiva?) decisión…

¿El secreto está en desmitificar la importancia de tomar decisiones?

“Desmitifica tus elecciones: magnificarlas es fabricar estrés innecesario”. Rosa Palmer - ¡Compártelo: me ayudarás muchísimo!          

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Como hemos visto, no todas las decisiones son importantes… Y no todas las decisiones vitales  nos preocupan como debieran.

Así que ¿podríamos decir que la importancia de las decisiones es relativa?

Y si la importancia de las decisiones es relativa ¿no será una buena idea cambiar el prisma ante las que nos preocupan para ver hasta qué punto es imprescindible pasar un mal rato?

Estudiando las distintas opciones

Cuando una opción es, a nuestros ojos, claramente mejor o peor que la otra, la decisión parece más sencilla.

Pero ¿qué me dices cuando esto no queda tan claro?

Opciones que no juegan en la misma liga

A veces nos encontramos ante la disyuntiva de elegir entre varias opciones cuya comparación se convierte en estresante. Y es que sucede que, o no se puede valorar de forma efectiva en cuanto a cifras, o no disponemos de características equiparables.

¿Es mejor elegir en base a la seguridad o la propia naturaleza?

Primordialmente habría que preguntarse si la valoración que estamos realizando de nuestras opciones la estamos haciendo en base a quienes creemos ser o en quienes somos en realidad.

¿Cuándo elegí buscar trabajo como administrativa, eran mis miedos los que me empujaron hacia ese camino debido a las escasas posibilidades realistas de ganarme la vida escribiendo? ¿O fue el hecho de que era una profesión en realidad mixta (en la que son importantes las cifras y las letras, reciclarse, el trato humano, características que para mí son un plus)?

Es muy importante determinar qué papel tiene en ti el valor de la seguridad. Si entre tus valores resulta ser el que sientes más importante, recuerda que siempre podrás tomar esa segunda opción y experimentarla de otro modo. No tienes porqué renunciar a ella al completo.

Como ves, yo no lo estoy haciendo 😉

Y es que me di cuenta que ser administrativa no solo no estaba confrontado con escribir un blog, un libro, una novela… Sino que, además creo que es una excelente forma de ampliar mis competencias como profesional de la administración.

¿No es, al fin y al cabo, una buena administrativa también una buena comunicadora? No sé tú, pero yo creo que debería serlo. Con sus compañeros y superiores, con clientes y proveedores…

¿Cómo comparar teniendo en cuenta nuestros valores y naturaleza?

Muchas veces la decisión se complica porque no tenemos demasiado claro qué nos importa y en qué grado. Un aspecto a tener en cuenta es que el ser humano está en continua evolución. Tus experiencias y cómo las interpretes variarán. O ampliarán tu relación con tus valores. Conocer tus valores y actualizar tus impresiones al respecto te ayudará a tener más claro quién y cómo eres. Y qué y cómo encaja contigo.

Para tener en cuenta nuestros valores es primordial:

  • Apartarnos de qué se supone que deberíamos hacer. Existen muchas ideas preconcebidas de lo que “se espera de nosotros”. A veces es preciso dejar de pensar en qué pensarán los demás de nuestras decisiones y
  • Atrevernos a prestar más atención a aquello que nos mueve, aquello que encuentra energías en nuestro interior cuando nada más lo hace. Esto nos ayudará definitivamente a
  • Conocernos mejor a nosotros mismos, detectar las cualidades que nos distinguen de los demás. También las cualidades que nos unen a los demás y que, en cierto modo, nos dan la mano para encontrar o construir nuestro camino. Y “el pegamento” para conseguir todo esto lo conseguiremos de forma más efectiva si
  • Conectamos con nuestras emociones. Ellas son la clave para vincular nuestras acciones con nuestra felicidad. Con nuestras capacidades, con personas que supongan un plus, con empresas y puestos de trabajo en los que nos guste crecer. Donde no nos importe echar horas porque estaremos alineados con ellas y su filosofía.

Conclusión

Es de sentido común elegir un método y probarlo. Si falla, admitirlo francamente y probar con otro. Pero, sobre todo, intentar algo. Roosevelt

Ya para terminar, te diré que no existe mejor forma de averiguar si una elección es o no verdaderamente buena, o mejor que otra, que empapándote en ella, experimentándola de forma implicada… ¡y ver qué sucede!

Son raras las ocasiones en las que, tras liarla parda eligiendo, no tenemos opción de rectificar y tomar un camino más óptimo. Por lo que no siempre es tan desastroso el hecho de equivocarse.

“Si no tomas decisiones por miedo, el miedo te tomará a ti.” Rosa Palmer - ¡Compártelo: me ayudarás muchísimo!          

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Y ese mal rollo que te despierta tomar decisiones o sentir que no avanzas como te gustaría, o esas ganas de sentir como “más tuya” tu vida no desaparecerán si no dejas de un lado el temor a equivocarte o el temor a cómo verán los demás tus acciones.

¿Qué me dices, nos decidimos a crear nuestras propias opciones?

 Vídeo de interés

Comparto contigo este Ted Talk íntimamente relacionado con este artículo. Espero que te parezca inspirador y te resulte de utilidad.

 

 

Una versión anterior de este artículo fue escrita por Rosa Palmer (yo misma) y publicada en la web La Nueva Ruta del Empleo, podrás verlo en este enlace:

También podrás ampliar tu información al respecto, en este artículo de Wikipedia sobre la toma de decisiones.

 

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Rosa Palmer

Soy la creadora y principal blogger de Por El Camino Azul. Ex-Miembro y reportera de la iniciativa de orientación laboral Parejas Orientadoras. Colaboro periódicamente en La Nueva Ruta del Empleo. Mi vicio son las palabras. Adoro la vida, sus misterios, la comunicación y la creatividad. Me motiva la idea de difuminar la terrible frontera entre placer y trabajo. ¿Te apuntas?

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