Trainspotting y la zona de confort

La zona de confort es ambivalente: nos aporta una falsa seguridad de estar eligiendo bien cómo vivimos nuestra vida. ¿Te apetece saber más al respecto?

 

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En un tiempo que ahora parece lejano, se puso de moda practicar un entretenimiento muy curioso, que consistía en permanecer cerca del paso de un tren y esforzarse por distinguir con claridad el número que este portaba inscrito o calcular cuánto tiempo transcurriría  en llegar de un lugar a otro… A este entretenimiento se le llamó trainspotting, que es el título de la película a la que pertenece el video que he adjuntado al principio de este post.
Visto desde el desconocimiento, el trainspotting es una forma muy poco rumbosa de utilizar tu tiempo. De hecho, la mayor parte de las maneras en las que podemos utilizar nuestro tiempo, vistas con la perspectiva del observador, corren el riesgo de entenderse como una pérdida, una defenestración temporal y, por tanto, una defenestración vital. No obstante, cada uno de nosotros somos los amos y señores de nuestra existencia y el tiempo que la compone. Y sólo nosotros (aunque, lamentablemente, a veces se nos olvide) deberíamos determinar y juzgar en qué gastarlo o invertirlo. Con la total tranquilidad de que no somos personajes de la novela Momo de Michael Ende y nadie va a requisar ninguno de nuestros segundos perdidos, salvo la vida misma.
Debo admitir que, al conocer del entretenimiento del trainspotting, no pude sino preguntarme porqué no se reunirían para soñar juntos sobre los viajes que podrían realizar subidos en cada uno de esos trenes, en vez de limitarse a ejercitar la concentración o la vista, en vez de limitarse a cazar al paso unos números… O, más allá ¿porqué no subirían a uno de esos trenes dispuestos a recorrer un poco de mundo, mientras recorrían, asimismo, un poco de vida?
En el video que acompaña al post, y que espero que hayas podido visionar sin problemas, Renton (el protagonista) aduce que no elige la vida porque no siente necesidad: la heroína, a la que es adicto, ha robado el espacio a cualquier cosa que no sea ella misma. 

¿Drogas y… drogas?

Podríamos entender algo así como que “eso le pasa por drogarse” (al fin y al cabo, trainspotting también es una forma coloquial de llamar al chute, a inyectarse en vena) pero ¿somos plenamente conscientes de qué supone vivir bajo los efectos de las drogas, de las distintas adicciones? Es más ¿somos conscientes de qué tipo de cosas se convierten en drogas para nosotros?
Algunas drogas resultan evidentes como tal. Otras, más socializadas como el alcohol, parecen no ser tomadas muy en serio. Otras pasan casi desapercibidas, al pasar lista a las sustancias adictivas. Un claro ejemplo de ello es el café… Y luego existen otras adicciones teóricamente inofensivas, como el chocolate… Todas las adicciones, las nombradas aquí de forma implícita o explícita, forman o han formado parte de nuestro entorno directo e indirecto, incluso sin que nos hayamos apercibido de ello.
No puedo dejar de hacer referencia, sobretodo teniendo en cuenta la temática general del blog, a otro tipo de adicciones que resultan menos evidentes, puesto que se encuentran encubiertas tras o bajo aspectos tan importantes y bellos como el amor (que, como tal vez hayas adivinado, trataré más extensamente en otro post de la serie “Elige la vida”).
Y otras adicciones… Otras pueden, en el peor de los casos, sumirte en una situación tan absurda como ser tu propio secuestrador, aquejándote no tanto de Síndrome de Estocolmo, como de una suerte de agorafobia emocional.
Probablemente pienses que algo tan enrevesado tan sólo puede sucederle a alguien con serios problemas, jamás a alguien normal y corriente. A mi entender, no es así. Permíteme que desarrolle el tema:

¿Conoces el concepto de zona de confort?

La zona de confort es ese territorio no necesariamente palpable al que nos hemos acostumbrado, al que nos hemos hecho y en el que, estemos mejor o peor, nos sentimos en cierto modo recogidos. Porque en él difícilmente nos asaltará ningún elemento desconcertante. Es un territorio en el que nos sentimos “cómodos” porque sabemos de sobra cómo desenvolvernos en él. Conocemos sus vericuetos, sus escondites, sus secretos. Son como “nuestros”. Y esa “comodidad” es la que se convierte en adictiva. Esa encubierta necesidad de control dentro del caos (tierno caos) que puede parecer por momentos la vida, diría que es su motor. 

Estando en ese territorio, en la zona de confort, en cierto modo es como si estuviésemos practicando trainspotting; observando una infinidad de trenes pasar, sin comprar billete alguno, sin subir a ningún tren, sin viajar a ninguna parte.
Estar en la zona de confort, además, en ocasiones se torna en una suerte de adicción. Las diversas sensaciones que pueden despertarse cuando estás inmerso en ella, la mayor parte de ellas negativas o tóxicas, por otro lado, se retroalimentan. Además, si así se lo permites, permanecen repantingadas, pagadas de sí mismas, se hinchan como pavos, crecen como un cáncer. Y te enferman, justo como esa terrible enfermedad, también.
Estar en esa zona cuando ella ha crecido demasiado, es casi como estar como el protagonista de la película, Renton, cuando pasa el mono. Se encuentra sintiéndose morir en una habitación, cubierta de papel pintado cuyo motivo son los trenes (curiosamente también llamado trainspotting en inglés), viendo terribles imágenes que no existen salvo en su mente.
Muchas veces no damos pasos para salir de esa zona de confort, no rompemos esos horrendos círculos viciosos no porque no sepamos cómo (aunque a veces sí que nos viene de perlas cierta orientación externa, si resulta que este es tu caso, quizá te vaya bien este post), sino porque nos hemos atado, sin darnos cuenta, voluntariamente, sin explicación, a esa incómoda comodidad, a esa adicción que se ha convertido permanecer en la habitación de los trenes.
 
Quizá ni seamos conscientes de estar en esa habitación, quizá estemos entretenidos practicando nuestra propia versión de trainspotting. Sintiendo que los trenes se olvidan de nosotros. Que la suerte nos esquiva. Que nuestra existencia es tan sólo un imaginar tiempos mejores por llegar. Tiempos mejores que, como esos trenes, vinieron y nos dejaron sin más.
Quizá seamos totalmente conscientes de que deberíamos de mover el culo para salir de ella, dar ese pequeño pero significativo paso que te rapta de esa zona y la expande, explosionándola, como en el Big Bang. Expandiendo tu mundo y tu fuerza, hacia algo más ligero y donde todo aquello que sientes positivo vuelve a tener cabida, por fin… Pero nos falta ese pequeño empujón, quizá esa patada en el culo que por mucho que los demás nos ofrezcan en forma de mano tendida, no sirve verdaderamente de mucho hasta que nosotros mismos, de forma clara, nos la tendamos. Incluso vayamos un tanto más allá (aprovechando la confianza que nos tenemos) y pateemos nuestro propio culo fuera de esa zona en la que todo oscurece y empequeñece, salvo ella misma.

¿Es tan difícil salir del trainspotting o zona de confort?

¿Es tan terrible? ¿Es tan fácil caer en ella? Creo que lo importante no es tanto la facilidad o dificultad que conlleve: cuando algo debe suceder y así lo sientes, la palabra difícil deja de existir, deja de ser tan imponente. Lo verdaderamente importante es mantener los ojos bien abiertos para no pasar por alto ninguna brecha, por pequeña que sea, en el sistema de seguridad de esa zona de confort. Basta una milimétrica, en la que quepa un rayo de sol, una palabra amable, un tímido sueño por vivir que reside ahora en el recuerdo, quizá uno de cumplido…
Si por esa brecha que consigas distinguir entra, insegura primero, sinuosamente después, la posibilidad, ya te aseguro que lo hará bailándole a la ilusión.
Y te sabrás capaz de  subirte a esos trenes, a barcos, incluso a alfombras encantadas sobre las que viajar soñando. Entonces, mirando en derredor, la vida, bailando, te escogerá como pareja de baile.
 

Vídeo relacionado: intro de Trainspotting, en español.

 

 

Dime ¿eliges vivir la vida? ¿Qué opinas del concepto de zona de confort?

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Rosa Palmer

Soy la creadora y principal blogger de Por El Camino Azul. Ex-Miembro y reportera de la iniciativa de orientación laboral Parejas Orientadoras. Colaboro periódicamente en La Nueva Ruta del Empleo. Mi vicio son las palabras. Adoro la vida, sus misterios, la comunicación y la creatividad. Me motiva la idea de difuminar la terrible frontera entre placer y trabajo. ¿Te apuntas?

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