Porque cerebro, me enseñaron algo de cómo funcionas. Te he investigado cuando tratas de salirte con la tuya (o sea, no darle a la asertividad ni a la acción) y creo que alguien debe «pararte los pies» y recordarte que tu potencial no debería usarse para tirarme horas visionando vídeos de mayor o menor utilidad, sino ayudándome en mi capacidad-vicio de automejora.

Cada vez que tú, los pensamientos que no me suman y que a veces me aportas, no vais a ser más atendidos ni escuchados, salvo para llevar un journaling, un diario de crecimiento, cualquier formato para rebatirlos con pruebas y continuar creciendo.

Es más, aviso a navegantes: cuando cualquiera avanza sobre o a través de vosotros, sucede algo mágico a su alrededor. Estén o no al tanto de la rebelión cósmica que existe en su interior, estén al tanto o no de las herramientas que les enseñen o saquen de sus mangas. Esas personas que están a mi alrededor se nutren de mi energía, sonrisa, fuerza y cuanto decida compartir con ellos.

No estoy sola, somos legión los que vamos creando los Ejércitos que Sun Tzu nos recomendaba agrupar en su El arte de la Guerra. Y, si bien me niego a entender la vida como una guerra, es más que evidente que llevo 47 años dando mucho de ella. Y no, no es un capricho temporal: es un modus vivendi. Vine a vivir. Vine a aprender a disfrutar del momento. Vine a pegárselo a cuánta más gente mejor.

Porque sí, cerebro: quiero vivir, quiero exprimir la vida, quiero contagiárselo con mis hechos, mi particular forma de expresarme, mis sonrisas o mis silencios gratos.

Así que déjate de tonterías. ¡Súmate a nosotros: mi Ejército y yo! Sé parte de este cambio sin fin. Sé parte de este cambio tan vital.

Por tu ego, por tu valía, por la nuestra y, sobre todo por todo aquello que ni imaginamos poder conseguir.

Porque sí. Ni tú ni yo somos aquello que algunos dan en llamar «normal». Somos distintos, somos originales, cosa que nos llena de orgullo a ambos. Somos: porque recuerda, ninguno puede existir sin el otro.

Y podemos con estas situaciones tanto como pudimos con todo aquello que nos convirtió en esta maravilla que somos, aún a riesgo de sonar pedantes.

Con esa magia que lograremos quién sabe cómo, salvo que será un modo único, fantástico y que no, bajo ningún concepto, ninguno de nosotros merece perderse.

¿Qué me dices, cerebro ¿te apuntas? ¿O me retas para que te desbloquee de nuevo?

Y tú, persona del pasado, tal vez desconocida, que has llegado hasta este punto de esta publicación ¿qué me dices: te apuntas a cuestionarte los comentarios que no suman y te escupe a veces tu cerebro? ¿Te apuntas a crear tu propio Ejército, equipo si te gusta más la palabra, para darle la vuelta a aquello que sabes en tu fuero interno que no debería continuar así?