No eres tus pensamientos: vas mucho más allá

Hace mucho tiempo que no actualizo este espacio nuestro. Y me apetece, como de costumbre, que sea como muestra de mejora continua que es mi leit motiv, así como la divulgación de que la salud mental no debiera haber sido nunca un estigma.
«No tengo ningún interés en ser pesimista y melancólico todo el tiempo solo por el simple hecho de serlo, y siempre trato de encontrar cosas para celebrar, ser feliz o sentirme bien. (Pero) soy consciente de lo que sucede a mi alrededor lo suficiente como para que me moleste en algún momento a diario». Chris Cornell
De forma inesperada y sin anunciar, retomo mis aventuras e este blog que pausé tiempo atrás, por diversos motivos.
Por diversos motivos, también, me centro ante la pantalla y el teclado dándole forma a una confesión hasta hace poco inconfesa: vuelvo porque lo necesito.
Escribir un blog te lleva a un aprendizaje, directo y también vicario, sobre un sinfín de asuntos: la temática del blog, herramientas para mejorarlo, personas a las que le gusta tu trabajo o comparten tus inquietudes… Existen tantos aspectos que llenan de llevar un blog, que no puedes sino pensar (en tus épocas de silencio bloguero) que tal vez haya llegado el momento de darle la vuelta a la situación de sequía en un espacio que no es únicamente tuyo ya.
Apartas tu blog, en ocasiones, por motivos como acotar tareas para conseguir objetivos, porque sientes vacíos que tus pensamientos pueden llevarte a creer que no vas a poder llenar jamás; porque crees que tan sólo eres una voz en un océano de voces que quizá nadie note realmente en falta.
Dejas en stand-by sin fecha aproximada de retorno siquiera, tu espacio debido a la influencia «egoísta» de tu cerebro y los pensamientos que no aportan en positivo.
Ese cabroncete al que ya has descubierto, con el tiempo, alterándote el modo de ver o experimentar tus vivencias, no sea que te dé por llevar algo a cabo al respecto y le des en los morros con la realidad:
«Esta soy yo. No estoy de paso y no pienso escucharte, por mucho que seas un pensamiento nacido de mi cerebro: salvo que me muestres algo constructivo.» Rosa Palmer.
Porque cerebro, me enseñaron algo de cómo funcionas. Te he investigado cuando tratas de salirte con la tuya (o sea, no darle a la asertividad ni a la acción) y creo que alguien debe «pararte los pies» y recordarte que tu potencial no debería usarse para tirarme horas visionando vídeos de mayor o menor utilidad, sino ayudándome en mi capacidad-vicio de automejora.
Cada vez que tú, los pensamientos que no me suman y que a veces me aportas, no vais a ser más atendidos ni escuchados, salvo para llevar un journaling, un diario de crecimiento, cualquier formato para rebatirlos con pruebas y continuar creciendo.
Es más, aviso a navegantes: cuando cualquiera avanza sobre o a través de vosotros, sucede algo mágico a su alrededor. Estén o no al tanto de la rebelión cósmica que existe en su interior, estén al tanto o no de las herramientas que les enseñen o saquen de sus mangas. Esas personas que están a mi alrededor se nutren de mi energía, sonrisa, fuerza y cuanto decida compartir con ellos.
No estoy sola, somos legión los que vamos creando los Ejércitos que Sun Tzu nos recomendaba agrupar en su El arte de la Guerra. Y, si bien me niego a entender la vida como una guerra, es más que evidente que llevo 47 años dando mucho de ella. Y no, no es un capricho temporal: es un modus vivendi. Vine a vivir. Vine a aprender a disfrutar del momento. Vine a pegárselo a cuánta más gente mejor.
Porque sí, cerebro: quiero vivir, quiero exprimir la vida, quiero contagiárselo con mis hechos, mi particular forma de expresarme, mis sonrisas o mis silencios gratos.
Así que déjate de tonterías. ¡Súmate a nosotros: mi Ejército y yo! Sé parte de este cambio sin fin. Sé parte de este cambio tan vital.
Por tu ego, por tu valía, por la nuestra y, sobre todo por todo aquello que ni imaginamos poder conseguir.
Porque sí. Ni tú ni yo somos aquello que algunos dan en llamar «normal». Somos distintos, somos originales, cosa que nos llena de orgullo a ambos. Somos: porque recuerda, ninguno puede existir sin el otro.
Y podemos con estas situaciones tanto como pudimos con todo aquello que nos convirtió en esta maravilla que somos, aún a riesgo de sonar pedantes.
Con esa magia que lograremos quién sabe cómo, salvo que será un modo único, fantástico y que no, bajo ningún concepto, ninguno de nosotros merece perderse.
¿Qué me dices, cerebro ¿te apuntas? ¿O me retas para que te desbloquee de nuevo?
Y tú, persona del pasado, tal vez desconocida, que has llegado hasta este punto de esta publicación ¿qué me dices: te apuntas a cuestionarte los comentarios que no suman y te escupe a veces tu cerebro? ¿Te apuntas a crear tu propio Ejército, equipo si te gusta más la palabra, para darle la vuelta a aquello que sabes en tu fuero interno que no debería continuar así?
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