10 consejos y… ¡cambia tu vida!

¿Te has preguntado alguna vez cómo se lo montan los que consiguen llegar a sus objetivos, los que llevan a cabo sus propósitos? Sobre este tema va este nuevo post. En él encontrarás los puntos que considero imprescindibles de algún modo y su porqué. 

 

el camino de los buenos propósitos

Cuando nos da por hacer balance (normalmente en momentos concretos, como en Navidad y Año Nuevo o nuestro cumpleaños. O tras situaciones que marcan un antes y un después en nuestra existencia, como una separación o el nacimiento de un bebé) puede despertarse en nosotros el impulso, tal vez la necesidad de realizar cambios, mejoras.

Echar un vistazo a qué hemos conseguido y qué esperábamos conseguir, puede arrastrar hacia nosotros cierto grado de inquietud, incluso desazón… pero también puede traer de la mano sonrisas cómplices de los puntos a mejorar; o risas, al recordar anécdotas vividas.

Antes de dar rienda suelta a nuestra salida de la zona de confort, creo que resulta imprescindible no olvidar que es absolutamente normal que ciertas partes cuesten más que otras, que resulten más imponentes, que nos acerquen a cierto temor… ¡¡¡Nos sucede a todos!!! También creo que es importante que recordemos que “la competición” a la que nos vamos a apuntar no debe ser con el resto de la humanidad, sino con nosotros mismos. Se trata de que el yo de mañana se encuentre más contento consigo mismo que el de hoy… Cambiar nuestra vida, ya lo sabéis, no va a resultarnos tan fácil como si fuésemos personajes de Mary Poppins o La Bruja Novata.  Es más, considero que tiene su intríngulis. 

 

10 consejos y… ¡cambia tu vida!

Y es ese intríngulis es lo que me ha apetecido recapitular para este post. Entre mi experiencia y los trucos que he ido adoptando tras mis lecturas al respecto, ha surgido este “decálogo azul para conseguir tus objetivos”:

  1. Preguntarte para qué quieres cambiar. Cuando aparece un pensamiento en plan “quiero cambiar mi vida”, para mí, la pregunta clave no es tanto “¿cómo?” sino “¿para qué?”. Considero muy importante que quede lo más cristalino posible qué quieres conseguir a través de ese propósito. Si ese “para qué” va a resultar atractivo o placentero, útil o estimulante… Cuanto más peso tome ese “para qué” como motivación, tanto mejor. Si hallar los motivos para conseguir ese propósito no deviene una técnica de motivación en si misma, quizá deberías pasarlo al montón de futuros propósitos o propósitos a  desechar. Algunos propósitos no son más que intenciones de cambio sin raíz: un sinsentido.
  2. Apostar por el motorista ganador. ¿Porqué me refiero al motorista y no el caballo ganador? Porque he decidio enfatizar en la imagen de motor, es decir, en el aspecto motriz que tienen unos objetivos respecto a otros. Y volviendo al punto en sí: céntrate en aquello que de verdad se encuentre en tu mano, que pueda conseguirse con mayor o menor esfuerzo.  ¿Que te resulta muy lejano, quizá imposible? Entonces deberías reconsiderarlo… investigar cómo puedes lograr acercarte más. ¿Necesitas ayuda, información, o está irremediablemente fuera de tu alcance? Agarremos al “imposible” y tuneémoslo hasta que sea un más que maqueado “posible”. ¡Pesimismo OFF, creatividad ON!
  3. Recordar aquello que ya hayas logrado. Cuando nos ponemos manos a la obra a idear objetivos y metas, por regla general, nos encontramos en un momento en el que aquello que creemos que ya debería de estar formando parte de nuestra vida se halla demasiado presente en nuestros pensamientos… Eso puede traer “de regalo” que no seamos justos con nosotros mismos. Para equilibrar la balanza, para dejar menos espacio a la negatividad, sugiero que no dejes de tener en mente aquello que ya hayas conseguido. ¡Y nada de quitarse mérito! Todas las metas que hayas cruzado en la vida tienen un peso. Todas y cada una. ¡No pongas tu vida a dieta, con lo buenos que están los logros!
  4. Menos es más (sí, sí, en este caso, menos es más). Hacer balance y proponernos cambiar aquello que se asoma como mejorable en nuestra vida es fantásico, pero para que valga la pena, nada mejor que centrarse en unos pocos objetivos ¿Cuáles elegir? te preguntarás… Aquellos que, tras ser cotejados con el resto, se muestren claramente como objetivos clave. A buen seguro que, sin darte cuenta, en el camino estarás mejorando alguno de los que quedaron pendientes en la lista. Ciertos objetivos, más que clave, podríamos llamarlos “llave”, ya que abren el camino al resto: ciertos aspectos parecen estar unidos por preciosos lazos invisibles. Así que es bastante probable que, por el mismo esfuerzo, consigas mucho más ¿no es estupendo?
  5. Ponerle nombre y apellidos a nuestras metas y confeccionar su retrato robot. Y, después, proceder exactamente igual con los pasos a seguir que vayas descubriendo por el camino. Cuanto más claro y definido quede tu planning, tanto más fácil te resultará. Eso sí, recuerda tu derecho a equivocarte, a cambiar de opinión, a cambiar de estrategia…no rindas más cuentas que las que verdaderamente sea preciso rendir. Cada uno tiene un camino y sólo él o ella decide cómo recorrerlo.
  6. Permítete soñar despierto, imaginarte consiguiéndolo, pégale un buen mordisco y ¡saboréalo! Acerca del poder de la visualización se ha hablado largo y tendido en los últimos tiempos. Puede parecer una tontería,  aunque en verdad no es sino una técnica de motivación. Y ya que vas a realizar algo costoso, mejor motivado ¿verdad?
  7. ¡Que conste en acta! La lista, los para qués, cómo te sentiste imaginándolo, como consideras que te sentirás… ¡y nada de racanear a la hora de valorar tu mérito! ¿No te gusta escribir? Grábate con el móvil, con el ordenador… que alguien te haga de secretario, de notario amateur… ¡qué más da!  Detállalo todo. Sobretodo, detalla cómo te sentirás tras conseguirlo. Cuanto más te entretengas en este punto, más cerca te encontrarás de tus objetivos. Además, seguro que terminas echándote unas buenas risas mientras tanto…
  8. Que tus propósitos sean tan importantes como una cita con el amor de tus sueños… Es más, que el amor de tus sueños sea la consecución de tus propósitos. Algunas veces, comprometernos con nosotros mismos, establecer como prioridad aquello que nos incumbe principalmente a nosotros nos hace sentir egoístas o culpables. Esto, no hace falta que te lo diga, pero… nos frena. ¡¡Y los frenos sólo deben usarse cuando vayamos cuesta  abajo, a caer en la boca de un volcán, a pegárnosla contra una pared de piedra maciza!! Aprender a tenernos en consideración, sin desdeñar a los demás, quizá lleve un tiempo significativo, pero te aseguro que resultará más que bien invertido. Para poder ayudar a los demás, es imprescindible echar horas practicando con uno mismo. El resultado es mejor si ya llevas unas buenas “horas de vuelo”.
  9. Apúntate al método “el día de la marmota”. ¿Has visto la comedia “Atrapado en el Tiempo” con Bill Murray? La de cosas que aprende este chico, de tanto repetirse cuanto sucede el mismo día… ¿Y qué hace? En vez de lamentarse, ¡Phil aprovecha la situación y le saca jugo! Cualquier tarea que resulte difícil o imposible, tras realizarla con constancia, deja de serlo. Quizá no nos salga a la perfección, pero seguro que mejoraremos. ¡Sobretodo si lo intentamos con ganas, con una sonrisa en los labios!
  10. Llegar a la meta es lo más. ¿En serio? Ahora que has conquistado tu objetivo, aquello que quizá tanto esfuerzo te ha costado, no permitas que caiga en saco roto…  Intenta ir más allá aún: afiánzalo, ¡conviértelo en parte de tu vida, como el respirar! ¿Sabías que respirar, además de ser vital, es algo que puedes aprender a hacer mejor?

 

Y hasta aquí mi “decálogo”. ¿Qué te parece? ¿Ya estás trabajando en tus propósitos de año nuevo o eres de los que se propone mejoras sin mirar el calendario? ¿Dispones de alguna pista más que quieras compartir con nosotros?
 
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Rosa Palmer

Soy la creadora y principal blogger de Por El Camino Azul. Ex-Miembro y reportera de la iniciativa de orientación laboral Parejas Orientadoras. Colaboro periódicamente en La Nueva Ruta del Empleo. Mi vicio son las palabras. Adoro la vida, sus misterios, la comunicación y la creatividad. Me motiva la idea de difuminar la terrible frontera entre placer y trabajo. ¿Te apuntas?

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