¿Cómo puede funcionar una segunda oportunidad? 8 ingredientes básicos.

Una segunda oportunidad despierta dudas, inseguridades. Descubre ocho ingredientes básicos para ayudar a que funcione.

 

segunda oportunidad

 

¿Has escuchado alguna vez aquello de “segundas partes nunca fueron buenas”? Más allá de una frase hecha, casi parece una sentencia, una decisión ajena a cualquier solución que pudiéramos idear para mitigar sus efectos… ¿Una segunda oportunidad, precisamente por no haber resultado fructuosa en un principio, está condenada a fracasar? ¿O puede una segunda parte, a pesar de ese primer fracaso, resultar tanto mejor que la primera oportunidad?

Como algunos de vosotros ya sabréis, estoy en una época de cambios, de segundas partes: estoy volviendo a estudiar, estoy retomando mis planes de tiempo atrás, tuneándolos y sacándoles brillo… y vivo con ilusión otra vuelta muy especial, con mi actual pareja.

Pensaba, estos últimos días, en el tipo de reacciones que surgen ante ti, cuando cuentas tus intenciones. Estos últimos meses, al hablar de mi retorno con este chico con el que tan a gusto me encuentro, las conversaciones han sido, debido al paso de los tiempos, y la incursión de ciertas tecnologías y redes sociales en nuestras relaciones, un tanto distintas a otras conversaciones similares que tuve años atrás.

Hace unos pocos días, estaba mensajeándome con una amiga con la que hacía mucho tiempo que no tenía contacto. Tras preguntarnos cómo estábamos, empezamos con las novedades:

-… Y el amor llamó a mi “feisbus”. -Le dije. Ella, siempre tan creativa, se atrevió a lanzar una interjección que rimaba con madroño.- Hace dieciséis años ya estuvimos juntos unos meses.

-A mí el “feisbus” sólo me trae invitaciones al Crush Candy… -respondió ella.

Aunque os parezca extraño, esta respuesta no ha sido única, la he recibido por parte de varias personas más. Por otro lado, la segunda frase en el ranking es:

-Las relaciones así suelen salir bien.

Y nada, nada más se supo del “segundas partes nunca fueron buenas”. Ni una sola persona ha enarcado la ceja, ni una sola persona ha tirado del refranero popular… y yo me pregunto: ¿ya no somos tan dados a tirar de estas frases hechas, es que ya no creemos en ellas o es que, tal vez, debido a mi forma de expresar como vivo estas últimas novedades en mi vida destierran el uso de tales expresiones?

Volviendo a este tipo de frases, tal vez por el hecho de haber sido aplicada a la hora de conseguir pasar el test del carné de conducir, tal vez por cómo suenan en sí, las frases que incluyen palabras como “siempre” o “nunca”, tan fatídicas, me dan un poco de repelús. También debo admitir que cuando las veo aparecer, de inmediato las remato con un: “¿seguro?”

Para continuar, el hecho de que se tomen alegremente las palabras “bueno” o “malo”, que pueden ser utilizadas y entendidas con un sinfín de matices, conlleva que esta frase me desagrade a lo grande.

Además ¿quién es el refranero español para decirnos a ninguno si van a ser o no óptimas nuestras segundas partes? 

Sí que es cierto que, considero, para que una segunda parte conlleve un interesante viaje, requiere de ciertas cosas y acciones que, de fallar o no estar bien enlazadas, podrían tirar por tierra nuestros esfuerzos, por muy en serio que pudiéramos tomarnos esa nueva oportunidad.

Por encima de lo que pueda estimar cualquier persona ajena a ese intento, este segundo chance no debería de ser desechado simplemente porque la primera parte no fuera acorde a lo deseado. Porque bien llevada la situación, entiendo yo, una segunda parte puede terminar por ser, y de largo, mejor que la primera.

Si me lo permites, voy a salir del ámbito emocional para adentrarme en el cinéfilo. Muy a título personal, tras ver la película Mad Max, me cuesta pensar que alguien decidiera hacer una segunda parte. Si bien es cierto que el estilo de esta película no es de mis favoritos y es algo muy a tener en cuenta (yo soy más de thrillers, por ejemplo), viendo la primera parte, me cuesta que alguien despatarrado en un sofá, frente a varios lacayos, fumando un apestoso puro, dijera:

-¡Sí, hagamos Mad Max II!

No obstante, la segunda parte, y pese a no encajar en el tipo de filmes que me lanzaría a ver, posee algo que trasciende la película misma. Y es que se percibe que hubo alguien apasionado creándola y llevándola más allá que la anterior.

Y ese es, si me lo permitís, uno de los puntos más imprescindibles para conseguir que una segunda parte tenga éxito: la pasión. ¿Con pasión basta? ¿Existe una receta mágica para cualquier cosa? Posiblemente no. Pero me atrevo a decir que con una serie de ingredientes imprescindibles casi cualquier cosa que se te antoje conseguir, tal vez se te resista, pero desde luego que estará aún más cerca de ti.

 

¿Cómo puede funcionar una segunda oportunidad? 8 ingredientes básicos.

 

  1. Tirar a la papelera o quemar cualquier resentimiento hacia el otro, sus acciones o las nuestras.
  2. Hacer exactamente lo mismo con las dudas. ¡Fuera dudas! O, mejor aún, ponerlas a hacer el pino, a ver qué cae de sus bolsillos… A ver hasta qué punto son ellas fuertes.
  3. Atreverse ¿a qué?  a desechar todo aquello que damos por hecho: cómo soy yo, cómo son los demás, cómo son mis circunstancias, cómo deben ser las cosas. Es decir: liberarse de creencias y dejar que la vida fluya.
  4. Atreverse a preguntar, a compartir. Si no te atreves a compartir, tal vez deberías desestimar tener relaciones, al menos por el momento, puesto que es una de sus más importantes bases. Es decir: querer de verdad pasar de ser uno a ser dos.
  5. Comunicarse efectiva y asertivamente. Puede parecer un rollazo, esto de asegurarse de que el otro de verdad haya recibido la información cómo se la queríamos hacer llegar, pero menos nos gustará que no le llegue nada o, peor aún, que entienda justo lo contrario a aquello que le queríamos decir. Ya por no hablar de la de pistas buenísimas que puede aportarte el hecho de prestar atención a cómo se comunican los demás contigo. ¡Unas palabras de comprensión o un abrazo a tiempo hacen maravillas! ¿no crees?
  6. Convertir las culpas en responsabilidades y no robar ni regalarlas alegremente. Cada uno debe tener las suyas y, si por el motivo que sea piensa que le vienen grandes, pues al siguiente punto:
  7. Pedir ayuda no es ni de valientes ni de cobardes, sino de personas a las que no les iría nada mal una visión ajena, un consejo relajado, una mano… Digamos que, si tienes algún problema o incidencia, no hay nada como volverse prácticos.
  8. Olvidarse de esos conceptos tan raritontos y nocivos como el control, la perfección… y no buscarlos ni esperarlos, en caso alguno, ni en los demás ni en nosotros, ni en las circunstancias que nos rodeen… a no ser que lo que queramos sea pasarlo mal. ¡Y verdaderamente espero que ese no sea tu caso!



¿Pueden, para ti, salir bien las segundas y terceras partes? ¿Qué crees que debería tenerse en cuenta para que esto fuese así? ¿Hay alguna frase hecha que te gustaría que comentara en el blog? ¿Añadirías algún ingrediente? 

 

¿Qué opinas de las segundas partes?

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Rosa Palmer

Soy la creadora y principal blogger de Por El Camino Azul. Ex-Miembro y reportera de la iniciativa de orientación laboral Parejas Orientadoras. Colaboro periódicamente en La Nueva Ruta del Empleo. Mi vicio son las palabras. Adoro la vida, sus misterios, la comunicación y la creatividad. Me motiva la idea de difuminar la terrible frontera entre placer y trabajo. ¿Te apuntas?

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