¿Qué es para ti la valentía?

Usamos ciertos conceptos sin detenernos a pensar en su significado. Uno de ellos es  la valentía. ¿Reflexionamos a través de la historia de dos madres?

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Vocablos como valentía, con un trasfondo mágico, de leyenda, de dioses y guerreros, se pierden en la mente de una cuando intenta ponerles una acepción. No por falta de ellas, sino todo lo contrario. No existe un único tipo de valentía, del mismo modo que no existe un único tipo de rojo.
 
Hoy voy a hablaros de este concepto, la valentía, de la mano de dos señoras, dos madres-amigas y dos diosas. Ambas formaron parte, cada una en diferente papel, en el reino llamado infancia en el que yo fui una princesa poco convencional. Ambas me llamaron la atención por la fortaleza que siempre va unida a ellas en mi mente, sin saber bien porqué. Por respeto a ambas familias, intentaré no dar demasiados detalles al respecto, ya que algunos son dolorosos.
 
A la primera, a la que llamaremos de ahora en adelante Brigantia por la diosa celta, es una mujer de bandera. Voluptuosa, ingeniosa, pícara y divertida a morir. En su casa siempre me sentí como en la propia. No en vano posee características muy peculiares en común con la adorable mujer que me dio vida. 
 
Brigantia es capaz de contarte detalles íntimos de su vida olvidando que existe aquello llamado vergüenza, cosa que siempre me ha fascinado. Con total naturalidad, te habla de la vida como ésta debería ser siempre contada: con la vida misma posándose en cada fonema de cada palabra. Y su sentido del humor, del que hace gala en cada exhalación, en cada gesto, en cada guiño, te inunda de bienestar y diversión, por muy triste que, en verdad, sea el asunto de la conversación.
 
Enfermó, hace unos pocos años. Los médicos no tomaban en serio a Brigantia porque recientemente había perdido a su marido, tras años de complicaciones con su diabetes. Creían que sólo tenía aquello que ellos dan en llamar “el mal de las viudas”. Como si el hecho de sentirse morir por dentro por haber perdido finalmente al ser amado la convirtiera en inmune a tener enfermedades reales…
 
Descubrieron que tenía un cáncer muy avanzado. Había que operar. Las garantías eran pocas. Sin embargo, no sé si debido a Dios (en quien no alcanzo a creer), los médicos, el amor de su familia, o quizá todo junto, con guiño de su marido desde el cielo incluido, pero Brigantia no sólo sobrevivió a la operación, sino que esta fue tan bien que no tuvieron que realizarle tratamiento adicional.
 
Del mismo modo que todos los demás, parece ser que el cáncer le ha cogido cariño (esperemos que no mucho) y este ha aparecido de nuevo. Afortunadamente, esta vez está mucho menos avanzado y todo apunta a que tendremos Brigantia para rato.
 
Imagino que Brigantia se sentirá asustada. Es muy difícil afrontar una enfermedad como el cáncer sin estarlo. No obstante, ella ha decido luchar. Cosa que me ha llenado de paz e ilusión, de esperanza. Como cada vez que una sonrisa rubia que tengo como amiga cuelga en su muro de Facebook imágenes motivadoras.
 
Eso, para mí, es valentía. El no dejarse vencer. El exprimir la vida hasta que el cuerpo aguante, como suele decirse.
 
Hablemos ahora de Gaia, diosa griega, entre otras cosas de los animales. Gaia es una exótica mujer madura, de mirada profunda, que irradia inteligencia y sensualidad. Si bien hace años que la conozco, posiblemente casi toda mi vida, no ha formado parte de mi día a día. Pero sí del club de mujeres a las que miraba de pequeña con admiración.
 
Gaia es una persona de la que jamás oirás hablar mal, ni siquiera a sus nueras, todo lo contrario. Es, junto con Brigantia y mi madre, una de esas mamás que encuentra el equilibrio entre ser madre y amiga. De forma casi mágica, diría.
 
Por misterios de la medicina, de la vida o del destino, Gaia tiene que afrontar su existencia con una enfermedad que requiere vivir pendiente de aquello que cualquiera de los demás hacemos sin siquiera pensar en ello. Cuanto menos incómodo, desagradable y engorroso, aquello que debe acompañarle puede también ser fruto de infecciones, con el consecuente riesgo para su salud.
 
La opción B de Gaia es una operación de alto riesgo. 
 
Podríamos pensar que al elegirla, Gaia no ama la vida. Podríamos pensar que quizá debería de seguir adelante, a la espera de un milagro o que la ciencia encuentre un modo de mejorar su calidad de vida. No arriesgarla sin más.
 
Me niego a pensar así. Para mí, Gaia es también una gran valiente. Y ama tanto la vida que se pone en manos de ella para poder tener un día a día que sea más acorde a ella. Prefiere VIVIR a vivir. Si eso no es valentía…
 
Por encima de todo, tanto en la decisión de Brigantia como en la de Gaia (que en el fondo para mí son la misma: VIVIR), está el derecho a vivir la propia vida de la que sólo ellas son dueñas. Sólo ellas pueden, en verdad, valorar qué está bien y qué está mal. Sólo ellas tienen derecho a calificar su decisión de acierto, error, decisión menos mala…
 
Porque por mucho que los demás queramos ponernos en su lugar, sólo ellas son reinas de su vida, habitantes de su dolor, y como tal, sólo ellas tienen derecho verdadero a decidir.
 
¿Qué decidiríamos nosotros? Nada de dolor ni enfermedad. Nada de médicos. Inmortalidad. Sin embargo, no podemos elegir. No nos está permitido. Forma parte de los misterios de la vida. Quizá cuando partamos de ella comprendamos al fin, sin más.
 
 
Sea como sea, este no es un post de tristeza, sino de esperanza. De valentía. De amor. Independientemente de sus diferentes formas de luchar contra sus respectivas enfermedades, tanto Brigantia como Gaia ya han ganado: han ganado a la impotencia. Están del lado de la lucha. Están, de hecho, creando su propia lucha. Creando su propia oportunidad.
 
Ahora, sus seres queridos y quienes les admiramos, tenemos también que ser valientes como ellas. Y elegir luchar también contra el miedo. Elegir seguir su ejemplo cuando nos enseñaron, cada una con su filosofía,  a vivir. 
 
A VIVIR.
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Rosa Palmer

Soy la creadora y principal blogger de Por El Camino Azul. Ex-Miembro y reportera de la iniciativa de orientación laboral Parejas Orientadoras. Colaboro periódicamente en La Nueva Ruta del Empleo. Mi vicio son las palabras. Adoro la vida, sus misterios, la comunicación y la creatividad. Me motiva la idea de difuminar la terrible frontera entre placer y trabajo. ¿Te apuntas?

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